BONGZILLA (USA) – Weedsconsin, 2021

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Portada del album Weedscoin de Bongzilla¿Hueles eso, amigo? No es esa hierba de mala calidad y por lo tanto pobre en THC que consumes. Ese delicioso olor proviene del nuevo disco de BONGZILLA. No podía ser de otra manera, es una de la muchas marcas de identidad propias que tienen. Además, no puede ser otra cosa, porque no te puedes permitir hierba de mejor calidad, pero descuida, la mala calidad te sirve para seguir evadiendo tu vida y tus responsabilidades de mierda. ¿Quieres una alternativa mejor? La banda te la está dando en forma de nueva y esplendida música ahora mismo. Tras dieciséis años desde su último disco (lejos queda Amerijuanican) tienes que tener mono por cojones. ¡No te hagas de rogar! Si no lo tienes prepárate para tenerlo, no hay otra opción.

Además, esta vez vienen bien respaldados por Heavy Psych Sounds, sello que con su nombre lo dice todo y con el que estaban predestinados a encontrarse. Ahora, solo queda ver si se conserva el maravilloso toque y el puntillo mágico que te hacen bailar por la estepa psicotrópica y cannábica característica, junto al primordial desconocido, diabólico y fumeta de la maravillosa portada, ideal para una camiseta. El momento de despertar ha llegado, así que echa a volar. Nos espera un bonito viaje a un infierno extraterrenal y puede que incluso marciano, todo es posible con esta gente.

Nada se ha perdido tras la siesta que se han dado, ellos se lo lían y ellos se lo fuman. La resonancia y el muro de sonido mugriento sigue produciendo y trasmitiendo eco. Entrando ligero pero pegando fuerte y marchitando tu sistema nervioso, como si fuera una antena parabólica de gran amplitud. Mucho fuzz, mucha distorsión y por lo tanto mucha psicodelia satánica que da gusto. Tal vez los encuentro un poco más diluidos que de costumbre pero el viaje que te dan sigue llevándote muy lejos, lejos de todo lo cuerdo que hay en este mundo. Lentos pero seguros de sí mismos, irradian radiación y podredumbre que muta en fantásticas composiciones monolíticas, que rinden pleitesía a la sustancia ilegal por excelencia y entran en tu cerebro convirtiéndolo en piedra. Tu cabeza caerá al suelo estallando en mil pedazos como resultado si intentas hacer headbanging al ritmo de la música, te lo prometo. Ni la nombrada dilución afecta a eso. Es normal cuando controlas lo que haces después de dedicarte en cuerpo, alma y mente durante años a esto, acompañado solamente de porros más grandes que tus brazos y cogollos mas gordos que tu cabeza.

Esta denominada dilución ha afectado positivamente y ha ayudado a la banda, a recrear lo que siempre han hecho. Refrescando mínimamente la propuesta y haciendo, que entre de manera más limpia al que era hasta entonces tu “sagrado e impoluto templo, tu cuerpo”. Por lo tanto el espíritu del blues que BLACK SABBATH dio y que SLEEP polinizó en multitud de bandas stoner brota en composiciones como “Earth bong, smoked, mags bags” o “Space rock”, de donde salen frescos y con la brújula interior intacta, tras haber estado en una sauna india de vapores cannábicos. Increíble que se mantengan en pie y encuentren un camino correcto yendo tan puestos, pero así son las cosas. No en vano, si nombras a un tema como un género musical psicodélico en el que bandas como HAWKWIND u OZRIC TENTACLES son los putos amos no es para menos. La diferencia estilística con las bandas mencionadas es posible que sea abismal, aunque no mal encaminada. Todo viene de lo mismo al final, pese a quien pese.

En cualquier caso comparten el hecho de parecer estar muy perdidas componiendo, pero todo lo contrario, saben muy bien dónde están y adónde quieren dirigirse aunque el destino esté a mil kilómetros de distancia. La diferencia está en que BONGZILLA no se meten en terrenos más sucios, ni divagan tanto. Eso y que su gasolina es mugre musical y cantidades indigeribles de comida basura aparte de, cómo no, marihuana. Por lo tanto, tienen la mirada fija y vidriosa en un objetivo fijo, con lo que no dan tantas vueltas en círculo. De todas maneras eso no les exime de dar alguna que otra por simple y llana diversión, lo cual es el habito más sano e imbécil que verá por su parte. Algo de razonamiento no viene mal, ¿verdad?

Por lo demás la estructura de los temas restantes es la clásica de ellos y de todo este tipo de bandas. No obstante, sigue habiendo momentos memorables que harán que tus tímpanos vibren en señal de aprobación y, una vez más, hay auténticos himnos carrasposos a la altura de la banda como “Free the weed”, que cuenta con una lentitud placentera equiparable a las caladas que das en la tranquilidad de tu casa o en parque de tu barrio mientras las «adorables ancianitas» te miran con mala cara. Es entonces cuando esas «dulces señoras» deciden llamar a la policía, y es aquí cuando tienes que correr o desperezarte un poco, por lo que el tema inicial “Sundae driver” tal vez te sirva de algo. Tema que, si bien tarda en arrancar un poco, es el más «marchoso» de todas maneras y en el que la banda coge todos los baches dando volantazos para que, con cada respingo que des, despierten tus extremidades dormidas haciéndote reír como un gilipollas. ¿Quién necesita hierba teniendo esto? Yo desde luego no, aunque no te diría no si me ofreces. No soy el más listo de la clase pero tampoco el más tonto, lo suficiente para que no me den gato por liebre.

Con este disco me queda claro que BONGZILLA es la reina de las bandas fumetas (con permiso de SLEEP) y el salvador de tu tedioso aburrimiento. Al parecer el disco fue grabado durante el confinamiento; lástima no haberlo tenido por aquel entonces. Lo hubiera echo mucho más ameno o se me hubiera pasado volando. Nunca lo sabremos, pero las semanas y los días se me han pasado volando escuchándolo mientras hacia esta reseña, así que ni tan mal. Espero no tener que esperar tanto para un próximo disco. Única pega que pongo para un disco de matrícula de honor, eso y que hay riesgo de que te conviertas en una cosa mitad hombre, mitad planta de marihuana. A lo cosa del pantano, no es mal destino si te pones a pensarlo.

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