BLOODBEAT (DEU) – Process of extinction, 2021

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Desde las tierras teutonas, BLOODBEAT nos trae su segundo álbum de larga duración, titulado Process of extinction, grabado y mezclado en Dailhero Recordings. Como preludio, les puedo comentar que la banda surge a mediados de 2014 con intenciones de crear un propio subgénero, que toma estilos de grandes iconos del metal como son DEATH, NAPALM DEATH, SLAYER y TERRORIZER, y tras escuchar los adelantos de este compacto, “Creative murder” y “Rigor mortis”, podemos ver que la banda ya se ha recuperado de los vaivenes previos a la pandemia y que están listos para atacar nuevamente. A priori, estos dos singles nos mostraban que seguían manteniendo esa esencia escondida con la que uno asociaría a la banda germana: riffs pesados y rápidos, sonidos de guitarra brutales y una batería bien machacante, y la voz de Jason Kuhn que se ha vuelto quizás una de las marcas tradicionales de la banda.

Como ya mencioné antes, luego de un 2019 algo tumultuoso durante el proceso de grabación de este álbum, algunas diferencias internas resultaron en la salida de Brian Naunheim, guitarrista fundador de la banda, pero al poco tiempo pudieron reclutar a Daniel Dokic. Es quizás este uno de los motivos por los cuales puedo notar que Process of extinction se aleja del death metal con matices progresivos y, por qué no, también del grindcore que nos había propuesto en 2016 con Murderous art, su disco debut. En este compacto de ocho canciones se enfocaron en ritmos y recursos estilísticos más asociadas con el thrash metal y el groove metal, siendo las guitarras las que cargan con el peso del disco. Sin ir más lejos, más de uno escuchará “Beyond the skeletons” o “Pulse” y le es inevitable ver alguna reminiscencia de los ya mencionados SLAYER, tanto en los riffs como en los solos ampolleantes que proponen ambas canciones, como si hubieran salido de los mismísimos South of heaven y Raining blood, respectivamente, a excepción de pequeños segmentos de cada tema donde apelan al death metal crudo y duro. También se puede hacer una analogía con “No control” e “Intention to kill” con el sonido moderno que exhibe EKTOMORF con un sonido más machacador y parejo, respetando métricas un poco más tradicionales.

Pero no, no todo es tan distinto, señores, ya que en “Permanent shadows” podemos escucharlos un poco más volviendo a esa característica old school, más oscura y más atropelladora, con alguna que otra arritmia en los compases, al igual que algunos pasajes de “Slow decompose”. En materia de letras, la banda expone nuevamente el lado más cruel de la humanidad, haciendo mención de algunas de las mayores atrocidades, como en la ya mencionada «No control» donde relatan un poco sobre la megalomanía de los nazis y los atroces experimentos que realizaron, sólo por mencionar algunos tópicos. Sin embargo, es en la parte técnica del sonido donde también puedo ver un cambio, un poco más leve, pero aquellos más ambiciosos o más maniáticos (como es mi caso) lo notan desde el inicio, y es que abandonan esa característica “lo-fi” saturada que nos llevaba a un paseo por los noventa, y en Process of extinction optaron por un sonido bastante más definido, afilado y, por ende, moderno, sin perder su ánima.

Como ya dije, el cuarteto de Berlín no le teme al proceso natural de la evolución, ya que sin esta no hay revolución; quizás los ortodoxos lo encuentren un poco obstinado y hasta irreverente, pero sin dudas es un disco que no defrauda y que, al cabo de la primer escucha, me deja con un buen sabor de boca. Confieso que los 37 minutos de duración se me pasaron bastante rápido y que varias de estas canciones se sumarán a mi playlist semanal. Así que, si no lo hicieron ya, dense una vuelta por las redes de BLOODBEAT y síganlos para estar atentos a las novedades que, a pesar de este fresco álbum, no van a tardar en llegar.

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