BLAZE OF PERDITION (POL) – Near death revelations, 2015

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Elblazeofperdition01 mundo del heavy metal, y más del metal extremo, objetivamente es una mierda para cualquier músico. Salvo un par de horas al día, el resto se resume en: Horas de carretera, falta de sueño, aburrimiento (por eso muchos le dan a la botella), poco dinero, casi aislamiento con el resto del mundo… Que sí, que después estar en cualquier escenario del mundo, compensa esos males, pero nadie niega que es una vida muy sacrificada. Si encima la muerte se cruza en tu camino, en una de las miles de rutas que recorres a lo largo de gira, la experiencia se hace más ingrata, si cabe. El 2 de noviembre de 2013, camino de Austria, el vehículo en que viajaban BLAZE OF PERDITION tuvo un accidente que se saldó con la muerte de su bajista Wojciech Janus aka Ikaroz, mientras que su vocalista y batería quedaron gravemente heridos.

Pero cual fénix, la banda resurgió de sus cenizas, no se rindió a pesar del mazazo y aquí regresan con el mejor disco de su relativamente corta carrera, aunque su talento ya era valorado antes del desafortunado hecho. Black metal de tintes ritualísticos, que no se ajustaba estrictamente a la vieja escuela, ni pertenecía a la moda del post black metal que parece que arrasa todo actualmente. Muy similares a sus compatriotas KRIEGSMASCHINE o los WATAIN en su mejor época, la de Sworn to the dark y Lawless darkness (que su giro en The wild hunt no me disgusta, todo sea dicho).

Resumir el por qué de una afirmación tan importante como es el afirmar que este es su mejor disco, es jodido, pero sería algo así como que siguen su propio camino, recogiendo las lecciones de Towards the blaze of perdition y The hierophant, aunando sus virtudes, y expandiéndolas.

Towards… optaba más por los medios tiempos, haciendo de él un disco casi hipnótico y ocultista, de ahí los parecidos con KRIEGSMASCHINE, mientras que Hierophant era más directo y agresivo, recordando en muchas ocasiones al black de toda la vida (en términos relativos). Los polacos, ahora no se privan de nada y crean una mezcolanza perfecta de ambos, que consigue ir mucho más allá de una simple repetición de lo ya visto, lo suficiente para que los que ya conozcan a los polacos no se aburran y los neófitos acaben enamorados a primera vista.

La introducción ambiental con la que arranca el disco, recuerda bastante a la vista en The hierophant, pero aquí el cambio no es tan brusco, es mucho más sosegado. “Krolestwo niczyje” empieza con unos riffs alargados, acompañados de una base rítmica que en los primeros compases decide ir a medio gas, consciente de que no debe romper la armonía que se crea al comienzo. Después, eso sí, es cuando el tempo se acelera y comienzan los blast beats (que no son constantes, por cierto). Cuando sea necesario, dejarán que todo fluya. Eso provoca que tengamos esos breves interludios ambientales en ciertos cortes, que serán rotos de manera abrupta si así lo creen necesario. Como el muro de PINK FLOYD, ellos construyen y destruyen todo.

Otra de las maravillas de este opus (que pocas no son, precisamente), son los solos: melódicos y breves, dándole el impulso necesario a la canción. Sin ir más lejos, el del comienzo de “Into the void again”, un riff siniestro acompañado por ese solo con aires a WATAIN. La canción en sí es un chute de energía tremendo, patrocinado ligeramente, entre las sombras, por CELTIC FROST.

Y a pesar de que todo está inventado y reinventado, uno no es capaz de averiguar con exactitud por donde van a ir los tiros, no todo acaba como empieza: Secciones rapidísimas, medios tiempos ambientales, outros acústicos… todo cambia y muta con facilidad. ¿Es una pega que los temas ronden los 8 u 9 minutos? Para nada.

La única pausa que tendremos es en la corta instrumental minimalista “The tunnel”, después de ello, la última descarga de la obra, bajo el título de “Of no light”, que al igual que con “Dreams shall flesh” tiene un arranque demoledor. Ambas, cada una a su manera, bajarán revoluciones y comenzarán a mostrarnos un viaje en el que puede pasar de todo. Lo que empezó como un festival de furia, progresivamente se va revelando como un ritual, con el mismo mantra repetido una y otra vez, hasta que acabemos lobotomizados. Después, un inquietante final en clave de dark ambient, breve… Pero roto una vez más por una sección puramente blacker, justo cuando pensábamos que todo había acabado, vuelven a la carga. Sirva de muestra que con ellos, nunca se sabe qué va a pasar.

Después de escuchar el disco con sumo gusto en varias ocasiones, acudo a la Metallum a buscar información extra y leo que el álbum está dedicado, tal y como esperaba a Wojciech. Magnífico homenaje que se han marcado, él estaría orgulloso.

firmapablobalbontín

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