BLACKHELM (AUS) – Dark clouds of the Inferno, 2019

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Siempre he sentido un cariño y un gusto especial por la escena metalera australiana. Muchas y muy buenas bandas de diversos estilos demuestran el buen estado de forma de uno de los países con mayor número de animales mortíferos del planeta. Teniendo esto en cuenta, podemos sacar algunas conclusiones. Que los metaleros ‘aussies’ son muy minuciosos, cuidadosos y esquivos a la hora de dar esquinazo a estos animales, que los metaleros allí son inmunes a ciertos tipos de veneno o incluso que los propios metalheads australianos son más peligrosos que la mayoría de esos animales. De cualquier modo, han sabido sobreponerse a las letales amenazas que les depara su entorno para crear una de las escenas de metal más potentes del mundo.

Una de esas bandas que ha tenido que hacer frente a canguros con jeringuillas rezumantes de enfermedades sin descubrir en lugar de dientes, arañas que te abrazan con telas de franela en pleno verano o caracoles asesinos capaces de alcanzar Mach 3, es BLACKHELM, que nos brinda su primer LP, Dark clouds of the Inferno.

Nos encontramos ante una joya de death/black o black/death (tanto monta, monta tanto en este caso) de una manufactura exquisita, ejecutado como si de antiguos y disciplinados artesanos japoneses se tratase. A estas alturas del partido, cuesta creer que todavía salgan bandas que no innoven mucho compositivamente pero que consigan enganchar de manera adictiva con otro tipo de recursos, pues es lo que ocurre con el debut de BLACKHELM.

Las proporciones de black y death metal están muy bien medidas, casi al cincuenta-cincuenta. Y aunque tiene melodía (bastante) se mantiene muy extremo, muy oscuro y agresivo. Las líneas de guitarra son brutales, metiendo quiebros que no te esperas, arpegiados chulísimos que dan un toque ritualístico muy conseguido, riffs que pasan del death al black y del black al death con muchísima naturalidad, tanta que a veces cuesta darse cuenta de las mezclas. Como si echaras un veneno transparente de la consistencia de la tinta en un vaso de agua. 

Me recuerdan en ese aspecto a mis compatriotas INSANIAM, aunque menos atrevidos a la hora de experimentar con la inclusión de ideas que puedan arrimarse más a otros géneros y más melódicos que los de Albacete. Incluso las voces de Rob me hacen pensar en las del carismático y demente Neuros, por algún motivo. 

Es cuando BLACKHELM imprime esas oscuras melodías cuando es irremediable acordarse de la escuela sueca, asimilándose a bandas como EOSPHORUS, NECROPHOBIC, NAGLFAR o incluso a WATAIN en algunas ocasiones. También me han venido a la mente bandas de corte un poco más actual, como IMMORTAL BIRD o ANTARES PREDATOR, aunque menos técnicos y rápidos que los últimos, sobre todo.

Me flipa cuando las guitarras van haciendo acordes o dejan las cuerdas al aire y la batería va con blast beat, surgiendo un contrapunto con un encanto violento muy especial.

Nadie destaca por encima de nadie, pues todos los elementos han sido dispuestos para que el ritual sea perfecto. Como decía al comienzo de este escrito, una auténtica joya a la que, por desgracia, le costará llamar la atención por culpa de la saturación en el género. Espero que haya muchos más como yo, dispuestos a indagar y subir a la superficie del underground discos como este.

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