BEWAILER (RUS) – Where my demise dwells, 2019

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Portada del álbum "Where My Demise Dwells" de Bewailer.

En los tiempos que corren, resulta verdaderamente atrevido lanzarse con estilos que más de uno consideraría muertos, o al menos estancados, desde hace un par de décadas. No obstante, no todo en música (o en el arte y el ocio, por lo general) consiste en reinventarse constantemente como única vía para producir contenido de calidad; una correcta ejecución de los tropos de un género puede ser igual o más válida incluso que una creación genuina. En el caso que nos ocupa, los rusos BEWAILER encajan perfectamente en esta definición.

Death/doom de diccionario. Desde el primer acorde hasta el cierre del álbum, las melodías, las voces y la producción en general van encaminadas en este sentido. Y, la verdad, no solo no hay nada de malo en ello, sino que ¡está perfectamente ejecutado! Incluso la espectacular portada, obra del paisajista decimonónico alemán Heinrich Gogarten, nos acompaña en esta sensación. BEWAILER ha sabido coger la esencia de cada una de las bandas que en la lejana década de 1990 definieron este estilo e incorporarla a sus composiciones, lo que ha desembocado en un disco variado, polifacético y cargado de épica. A cualquiera que conozca mínimamente el estilo le vendrán a la cabeza los primeros trabajos de bandas como ANATHEMA, PARADISE LOST o incluso KATATONIA y su incomparable obra maestra Dance of December souls.

Como cabría esperar, los tempos que forman el núcleo duro del álbum van de muy lentos a completamente arrastrados, y aun así la banda consigue evitar que nos hagan caer en el aburrimiento por desgracia habitual en este género. Esto se debe, en gran parte, a un uso inteligente de los ganchos melódicos, con leitmotivs que van y vuelven a lo largo del disco y unos riffs inteligentes que construyen la atmósfera de manera adecuada sin necesidad de recurrir a florituras técnicas ni de cualquier otro tipo. La distorsión de las guitarras se alterna con secciones acústicas que no funcionan tanto como interludios o puentes (lo que cabría esperar de un álbum de metal extremo, al fin y al cabo) sino que sirven para desarrollar y expandir la atmósfera creada previamente. Sin llegar para nada al mismo nivel de virtuosismo, su uso recuerda inevitablemente a los primeros trabajos de OPETH y sus larguísimas partes de guitarra acústica. Y no solo nos encontramos con guitarras acústicas, ya que podemos apreciar la participación de otros instrumentos de cuerda (por ejemplo en el final de «An old remembrance«) y, sobre todo, el piano, que muestra una fuerte presencia en este trabajo.

Tratándose como es de un álbum debut, la producción de Where my demise dwells roza lo espectacular. Cada instrumento se percibe de manera cristalina, y eso no impide que la mezcla dé lugar a una atmósfera épica y poderosa que realza y eleva las melodías a un nuevo nivel. Tanto el uso frecuente de arpegios por parte de las guitarras como las transiciones constantes entre los distintos instrumentos están perfectamente tratadas desde este punto de vista. Mención aparte merece la gran variedad que presentan las vocales, con guturales graves, voces limpias, una buena cantidad de partes habladas e incluso la colaboración de una cantante femenina en «Silent passenger«, contribuyendo todo ello a hacer de este un disco diverso e interesante de principio a fin. Esta idea de variedad se puede extender al resto de instrumentos que participan en Where my demise dwells, especialmente a una batería muy cuidada que sabe adaptarse a cada situación y a un bajo con poco protagonismo pero mucha presencia.

En conclusión, BEWAILER ha firmado un trabajo redondo, variado a la par que fiel a la esencia del género y que esperemos que les permita alcanzar un mayor nivel de madurez y merecida fama. Aun sin tratarse de una obra revolucionaria, Where my demise dwells siembra la semilla de lo que podría ser un gran futuro a nivel musical, y el punto de partida para que BEWAILER desarrolle una personalidad única e inmediatamente reconocible.

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