BERRI TXARRAK (ESP) – Bilbao – 19/02/2019

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Al acercarse al Kafe Antzokia no daba la sensación de que fuese martes. Una hora antes de que abriesen las puertas ya había una cola bastante considerable, por no hablar de la gente que apuraba los últimos tragos en los bares cercanos. De hecho, tuvieron que adelantar diez minutos la apertura de puertas para que pudiese entrar la gente. Un cuarto de hora antes de empezar el concierto, la sala estaba llena.

Ni los propios BERRI TXARRAK son capaces de explicar el aumento de popularidad que han vivido desde la publicación de Infrasoinuak a finales de 2017, especialmente a nivel estatal, lo que les ha llevado a actuar en festivales tan variopintos como el Resurrection fest o el Sonorama Ribera o a aparecer en programas como Late motiv y La resistencia. Es más, creo que esta fama repentina y la consiguiente sobreexposición mediática puede llegar a ser uno de los motivos que les ha llevado a tomarse un respiro al concluir esta gira ‘Ikusi arte’ que les llevará por festivales, teatros y pabellones de España y medio mundo hasta su conclusión el próximo 23 de noviembre con la segunda fecha en el Navarra Arena de Pamplona.

Antes de meterse en “lo magro” de la gira, anunciaron dos semanas antes y por sorpresa que realizarían una minigira de doce conciertos denominada Beude por algunos de los gaztetxes y salas de Euskal Herria que mencionan en dicha canción. Para entender la capacidad de movilización que tienen en este noble territorio, las entradas para dichas fechas, que solo podían adquirirse en las taquillas de las salas de forma presencial, se agotaron en noventa minutos.

Con puntualidad británica, los tres integrantes saltaban al escenario a las 21:30, Gorka Urbizu cogió el micrófono, alabó al Kafe Antzokia -considerándolo uno de los recintos históricos de la música vasca-, le dio las gracias al público por todas las muestras de amor recibidas desde el anuncio del impasse y nos avisaron de que la próxima hora y media sería un auténtico viaje emocional para arremeter con “Beude” como si de una especie de prólogo se tratase.

En muchas entrevistas, los navarros han considerado sus directos como “muy punkis”. Así, tocaron de una tacada “Zuri” y “FAQ“, dos de sus canciones más aceleradas y auténticos pelotazos para comenzar un concierto. Desde estos primeros compases se pudo notar que la banda salía realmente motivada, y así se pudo comprobar durante todo el concierto, ya que se mostraron algo más atrevidos y activos a la hora de interactuar con el público… y sin necesidad de hablar excesivamente ante el micrófono. Así, en el transcurso de la actuación Gorka bajó en dos ocasiones al foso de fotógrafos para acercarse a las primeras filas y el bajista David González se subió a un amplificador situado a una altura bastante elevada para pegar un salto al más puro estilo DILLINGER ESCAPE PLAN.

Como si del ojo del huracán se tratase, Gorka se marcaba una reinterpretación en solitario y sin distorsión del estribillo de “Etsia” antes de que la banda al completo se sumasen para tocar una versión algo más acelerada y menos mastodoniana que en el disco. Proseguirían con “Kanta goibelak“, otro de esos temas de influencia hardcore que fue una de las sorpresas de la noche, y la más pausada “Spoiler!“, uno de los singles de su último disco y que ya es casi un clásico de la banda, como se pudo apreciar en la reacción del público.

 

 

 

Los de Lekumberri nunca han sido una banda de grandes escenografías -lo fueron, y porque las circunstancias lo obligaban, en el concierto del año pasado en el BEC, por ejemplo- y siempre han preferido que la música sea el eje de sus directos. En el Kafe Antzokia no iban a hacer una excepción y su única escenografía fueron unas bombillas a modo de cielo estrellado que se iluminaron en algunos temas, como en la bella melodía de “Zertarako amestu“, que empalmarían con “Berba eta irudia” y “Libre” antes de interpretar la que fue, sin duda, la auténtica sorpresa de la noche: “Aspaldian utzitako zelda“, un poema de Joseba Sarrionaindia en clave DEFTONES que se publicó en su segundo disco, Ikasten. Un tema desconocido por muchos de los allí presentes, pero que unos pocos apreciaron y disfrutaron. Sin duda, el hecho de anunciar dos fechas en Bilbao les permite jugar con su setlist para introducir estos regalitos que el que tenga la oportunidad de acudir a ambos conciertos sabrá apreciar.

Tras esto, tocaron dos canciones que dan títulos a dos de sus discos: “Payola” e “Ikasten“, completamente opuestas en todos los sentidos. La primera, punki y prácticamente olvidada por banda y seguidores, mientras que la segunda, mucho más rítmica y numetalera, es su primer hit -y una de las canciones favoritas de los fans-. Siguió el nu metal en la cuasirapeada “Biziraun“, interpretada justo antes de la emotiva “Bueltatzen“.

Zorionaren lobbya“, de su último disco, fue la última sorpresa de la noche, no solo por su ubicación en el setlist -fue la última canción antes de la primera traca de clásicos-, sino por el mero hecho de que la tocaran. Aunque no descartaría que lo hiciesen porque estén grabando un videoclip, ya que en el foso se pudo ver a un cámara grabando varios planos. Una vez concluida, sin tiempo para tomar aire, tocaron la rítmica “Zaldi zauritua“, “Oreka” -en esta ocasión sin la tradicional cover que suelen tocar- y “Makuluak“, la musicalización de un poema de Bertolt Brecht sobre una base instrumental que en más de una ocasión han definido como su interpretación particular del death metal.


Tras retirarse a backstage, volvieron para los bises tocando “Denbora da poligrafo bakarra“, una auténtica declaración de intenciones, antes de “Denak ez du balio” y “Katedral bat“, que aunque pertenezca a su último disco ya se ha convertido por derecho propio en un auténtico himno con el que poder cerrar un concierto… o eso nos hicieron creer, ya que tras la habitual parafernalia al concluir el concierto volvieron al escenario para interpretar su archiconocida “Oihu” -con “Eskuak” como introducción- e “Ikusi arte“.

Esperemos que el título de esta canción sea una indirecta y que de verdad nos digan “hasta la próxima”, porque eso significará que les volveremos a ver encima de un escenario dejándose la piel haciendo lo que más les gusta. Es de admirar que en su momento más dulce y justo cuando cumplen veinticinco años de carrera hayan decidido ser valientes, coherentes y hacer lo que les pide el cuerpo: dejarlo por un tiempo para recargar las pilas y que sigan durante muchos más años. No se les puede reprochar nada en estos veinticinco años en los que han vivido a tope la máxima que relatan en su tema “Jaio. Musika. Hil“: dejarse el alma para llenar las nuestras, las de los seguidores y periodistas que nos dedicamos a cubrir sus andanzas y disfrutamos de su música.

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