BERRI TXARRAK + THE BABOON SHOW (SWE) – Barakaldo – 17/03/2018

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En sus veinticuatro años de carrera, BERRI TXARRAK no han conocido lo que significan las palabras “zona de confort”. Desde que lanzaran su debut homónimo en 1997 no han sacado dos discos iguales y han ido derribando barreras poco a poco. Y por si fuera poco, cantando en euskera, un idioma hablado por unas 100000 personas en su Navarra natal.

Más de mil conciertos donde han pisado bares y salas de cuatro continentes -el último, Oceanía, visitado por primera vez a primeros de año como teloneros de RISE AGAINST triunfando los últimos años ante audiencias tan variadas como la que tuvieron en Nantes -una persona- o la del Sonorama, ese festival indie que sale todos los veranos en el informativo porque hay conciertos a pie de calle, en Aranda de Duero.

Su último desafío, llenar el Bizkaia arena de Barakaldo en un concierto organizado por ellos mismos -en la rueda de prensa y en varias entrevistas previas se nota su nivel de implicación en este proyecto- y por su agencia Panda management. Y vaya si lo consiguieron: las 10000 entradas que pusieron a la venta se agotaron un día antes -y según dijeron, les ofrecieron ampliar el aforo hasta las 17000 pero no quisieron-. Como ellos mismos comentaron, en primer lugar pensaron en hacerlo en la sala Cubec, con un aforo de unas 5500 personas, pero ante la gran demanda de entradas se atrevieron a probar en este recinto donde ya tocaron en 2015 junto a RISE AGAINST y REFUSED en 2015. Para haceros una idea del crecimiento de los de Lekunberri en estos últimos años, en aquella ocasión se congregaron unas 5000 personas.

Hablando con un amigo días antes, me decía que tenía dudas porque BERRI TXARRAK es una banda de sala pequeña y que no sabía cómo se adaptarían a un gran escenario. De hecho, la propia banda comentó en rueda de prensa que no les gusta nada este tipo de conciertos –David González, el bajista, llegó a bromear diciendo que si él no estuviera encima del escenario no acudiría al concierto-. Pues bien, igual no sonaron tan contundentes y empacados como se puede sonar en una sala, sino que sonaron más grandilocuentes. Pero de eso hablaremos más adelante.

Porque los suecos THE BABOON SHOW se encargaron de caldear los ánimos de la interesante cantidad de público -aproximadamente media entrada- que ya se congregaba en el Bizkaia arena en el momento en el que salieron a escena, en torno a las 20:30 horas.

A base de hard rock y punk de escuela sueca y liderados por Cecilia Boström, que no paró quieta durante la hora aproximada que duró el concierto: hizo flexiones, la voltereta, se subió al bombo de la batería, bailó… Desgranaron canciones de sus ocho discos de estudio como “Me, myself and I“, “You got a problem without knowing it” o “Radio rebelde“, tema homónimo de su último álbum de estudio, que salió a la venta hace unas semanas.

Acompañando a Cecilia, una formación de lo más variopinta: un guitarrista al que presentaron como Pablo Escobar, un batería con gorra militar y shorts muy muy cortos y una bajista que pasó del circo que montaron sus compañeros y se centró en sus cuatro cuerdas.

BERRI TXARRAK -quienes les escogieron como teloneros personalmente- animaron en sus redes sociales a que acudiésemos a verlos porque merecían bastante la pena. Y no nos mintieron, porque estoy seguro de que salieron de allí con bastantes más fans de los que ya tenían en Euskadi; de hecho días antes habían llenado el Kafe antzokia de Bilbao actuando como cabezas de cartel. Seguro que la próxima vez que vengan llenarán alguna sala bastante más grande. No obstante, a pocos grupos teloneros les han pedido bises, y ellos se lo merecieron, ya que dejaron con la boca abierta a más de uno.

Veinte minutos tardaron los roadies en desmontar el escenario de THE BABOON SHOW y montar el de BERRI TXARRAK. Mientras tanto, en las pantallas del escenario se proyectaron dos vídeos de Gara -sobre Euskal Herria y su gente- y de Berria -sobre la situación de peligro en la que se encuentra la libertad de expresión- muy aplaudidos por el público, que ya tenía ganas de ver a los navarros sobre las tablas y que entre estos vídeos y la actuación de los suecos ya estaba bastante caldeado.

Y a las 21:45, las luces se apagaron, el público comenzó a rugir y BERRI TXARRAK saltaron al escenario del Bizkaia arena visiblemente emocionados y sin creerse lo que estaba suciediendo… pero sin sus instrumentos. Se pusieron en la frontal del escenario, hicieron varias reverencias a las 10000 personas allí presentes, les agradecieron haber hecho posible que llenaran un lugar tan emblemático y se pusieron a tocar.

Teníamos referencias de que en los anteriores conciertos habían tocado íntegramente su nuevo álbum Infrasoinuak, pero intercalado en su set-list con sus canciones antiguas. Gorka Urbizu había afirmado en varias entrevistas que la banda tenía confianza plena en las canciones de este nuevo disco, así que se atrevieron a tocarlo íntegramente, como habían hecho en los conciertos anteriores, pero en orden cronológico. Y es que los infrasonidos de Lekumberri parecieron haber calado bastante hondo entre los aficionados de las primeras filas, quienes cantaron todas las canciones desde la primera hasta la última estrofa.

Las principales críticas que ha recibido Infrasoinuak se centran en que la mezcla de Jason Livermore ha reflejado un sonido bastante más flojo y apagado que lo que se había escuchado hasta ahora de BERRI TXARRAK. Pero en el escenario, su hábitat natural, las canciones de este disco ganaron en fuerza y en intensidad. Las que salieron ganando fueron, sin ninguna duda, las canciones más aceleradas, “Zuri“, “Infrasoinuak” y “Hozkia“, que sonaron como un auténtico cañón al más puro rollo hardcore. Aunque tampoco me puedo olvidar de dos canciones como “Zaldi zauritua” y “Katedral bat“, muy en la onda de grupos como WEEZER y que ya se han convertido en auténticos himnos para sus fans. De hecho, fueron dos de los temas más cantados y aplaudidos de la noche.

El escenario para esta primera parte del concierto -y toda la actuación en general- fue bastante sobrio y discreto: un gran telón de fondo con el prefijo ‘infra’ en letras blancas sobre fondo negro, que saltó por sorpresa para todos cuando rompió “Dardararen bat“, y que contrastaba con las camisas negras que lucían los navarros aquella noche. Ni en un gran escenario se dejaron llevar por la parafernalia: se centraron en la música y nada más.

Cuando acabaron de interpretar su nuevo disco, varios operarios echaron un telón negro que cubrió gran parte del escenario, y minutos después los roadies de BERRI TXARRAK acercaron un set de batería a la parte frontal y lo rodearon de un teclado, una Telecaster para Gorka, un bajo para David, un violín y una mandolina y varias sillas para cada uno de los integrantes del grupo. El público comenzó a olerse que habría un fragmento más íntimo. Algunas personas comenzaron a pitar y a impacientarse porque la banda tardó un poco más de lo que esperaban en salir.

Veinte minutos después, se encendieron dos grandes lámparas que escoltaban ambos flancos del escenario y varias bombillas que había en el suelo de la parte frontal -y cuyas luces impidieron bastante que sacara fotografías decentes de esta parte del concierto-. Por la apertura del telón salieron los tres integrantes de BERRI TXARRAK junto a dos músicos invitados para aquella ocasión especial: un Martí Perarnau (líder del grupo indie MUCHO) que se mostró especialmente motivado tras su teclado y Arkaitz Miner, de la banda de Ruper Ordorika, a la mandolina y la viola.

Este fragmento del concierto, que comenzó con “Eskuak“, penúltimo tema de su tercer disco Eskuak//Ukabilak de 2001 y dos de sus canciones más indies: “Aditu bihurtuak” y “Helduleku guztiak“, en cuya letra aparece una referencia a Amaia Egaña, concejala de Barakaldo que se suicidó en 2012 cuando iba a ser desahuciada y que la propia banda se atrevió a recordar aquella noche, pronto se convirtió en una especie de recital de poesía, ya que interpretaron “Aspaldian utzitako zelda“, poema de Joseba Sarrionandia que la banda musicalizó en 1999; “Makuluak“, poema de Bertolt Brecht que Mikel Laboa tradujo al euskera; y “Min hau“, de Gotzon Barandiaran -musicalizado por KATAMALO, uno de los proyectos paralelos de Gorka Urbizu– y que dedicaron a los encarcelados en Alsasua. Cerraron con el épico up-tempo de influencias shoegaze “Iraila“, que provocó lágrimas en alguna espectadora de la primera fila, y que concluyó con los cinco miembros del escenario levantándose de sus sillas en el momento más intenso de la canción. También interpretaron varias estrofas del “Wake up” de ARCADE FIRE.

Ni diez minutos tardaron los roadies en desmontar el escenario íntimo y ya salieron nuevamente a dar caña con “Ikasten“, uno de sus éxitos más conocidos, en un escenario formado por varias columnas. Y no fue el único tema que repasaron de su época más nu-metal, ya que también sonaron “Gezur bat mila aldiz“, “Ez dut nahi” y “Libre (c)” -prácticamente de corrido- además de “Biziraun” y el himno “Denak ez du balio” prácticamente al final.

FAQ“, “Zerbait asmatuko dugu” -dedicada a los más de 100000 ancianos que aquella tarde se habían manifestado en Bilbao- e “Hitzen oinarri ahula” fueron los temas más punk-hardcoretas que tocaron en aquella noche y sonaron especialmente aceleradas e intensas. Pocas bandas habrán tocado con la fiereza que BERRI TXARRAK tocaron aquellos cuatro temas en un escenario de semejante magnitud. Tampoco tenemos que olvidarnos de dos temas donde dieron rienda suelta a su vena más stoner: la mastodoniana “Etsia” y “Jainko ateoa“, con el riff más sabbathiano que han compuesto en su vida y que fue recibida con una ovación atronadora.

Aunque para ovación la que se llevó “Zertarako amestu“, canción que para un servidor tiene la melodía más bonita que jamás han escrito. De Jaio.musika.hil, disco en el que aparece este tema y que para muchos es su mejor disco, también interpretaron en esta parte del concierto la canción homónima “Iparra galdu: hegora joan” y “Bueltatzen“, dedicada a todo el staff que hizo posible el concierto. También hubo un momento para bailar con “Bigarren itzala” y “Lemak, aingurak“, sus dos temas más indies, rítmicos y festivaleros. Se despidieron momentáneamente del escenario con la pop-punk “Bigarren eskuko amets“.

Tras dos horas y media de actuación, y con el público completamente entregado, Gorka Urbizu salió al escenario guitarra acústica en ristre para interpretar una tremenda versión de “Maravillas” que dedicó a Marielle Franco, la activista brasileña asesinada esa semana, pidiendo a todos los allí presentes que encendiesen la linterna de su teléfono para acompañarle. “Es una auténtica pena que en pleno siglo XXI sigamos viendo historias como la que cuenta esta canción“, señaló Gorka antes de empezar esta canción. Me atrevo a decir que fue, sin ninguna duda, el momento más especial del concierto.

Tras esto, se despidieron definitivamente del público con “Oreka” -intercalando su ya típica cover de “Kids” de MGMT– y “Oihu“, posiblemente, sus dos canciones más conocidas, y salieron a agradecer nuevamente al público por haber hecho eso posible. Como un círculo vicioso, comenzaron de la misma manera que acabaron, con la salvedad de que la ovación fue aún mayor.

Lo vivido el sábado 17 de marzo en el Bizkaia arena de Barakaldo es histórico por tres motivos: en primer lugar, porque lo ha organizado la propia banda y ha conseguido llenarlo. En segundo lugar, porque lo ha hecho cantando en euskera. Y por último, porque esa banda ha conseguido llenar ese recinto de gente que les ha visto en salas pequeñas a lo largo de veinticuatro años. Gente que sale de cada concierto con ganas de verles otra vez porque tienen un directo atronador y que no se ha querido perder su estreno en las grandes ligas.

Un público heterogéneo, compuesto por gente de toda índole: heavys, punkys… incluso padres e hijos con camisetas y sudaderas de BERRI TXARRAK que cantaron todos sus himnos durante las tres horas de concierto. Esta descripción se corresponde con la de cualquier “banda de estadios” que a todos se nos viene a la cabeza y que hace tres o cuatro conciertos en la península agotando las entradas. Lo que diferencia a estas bandas de BERRI TXARRAK es que lo que se vivió en Barakaldo fue único e irrepetible y que a lo mejor puedes verles en esa pequeña sala que hay en tu pueblo dentro de unos meses. Quizás el escenario y la comunión con el público – la gran mayoría de los que estuvimos allí, al fin y al cabo, comprendíamos lo que dicen sus canciones- no sean las mismas, pero las ganas y el compromiso que le pondrán los tres miembros de la banda encima del escenario seguro que son las mismas que las que pusieron aquella noche. Porque BERRI TXARRAK no dejan de ser una banda underground que un día tuvo todo el foco mediático vasco sobre sus cabezas por haber llenado el pabellón más grande de Euskadi gracias a una mentalidad que deberían aplicarse todas las bandas underground: “Somos infrasonidos, pero hoy nos van a oír más que nunca“.


Todas las fotografías han sido realizadas por mí, José Manuel Simón Rodríguez, y no han recibido retoque fotográfico de ningún tipo. Como la música de BERRI TXARRAK, la belleza de una pieza artística reside en su pureza.

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