BATUSHKA (POL) + NOCTEM (ESP) – Madrid – 23/09/2018

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¿Hasta qué punto una banda es esclava de su imagen si decide ir más allá de lo estrictamente musical? Con esta pregunta lanzada al aire salí de la noche de liturgia que una de las bandas del momento, los polacos BATUSHKA, habían ofrecido en la Sala Caracol de Madrid en pleno veranillo recuperado, con una sala que días antes del evento colgaba el letrero de no hay billetes. Es evidente que, siendo un grupo que ha salido del underground, mucho ha funcionado el boca a boca (y luego la promoción llevada a cabo) para que un público tan difícil y sobrexplotado como el madrileño llenara un concierto cuyo coste estaba por encima de la cantidad de música que todos sabíamos que íbamos a recibir. Porque está claro que BATUSHKA están dando mucho de sí a su único trabajo, Litourgiya, disco que no pasa de los tres cuartos de hora… ¿Cómo llenan con eso un concierto como cabezas de cartel?

Es aquí donde conecto con mi pregunta existencial inicial: BATUSHKA es más que una sobresaliente combinación de black death con ambientaciones religiosas ortodoxas. Lo que en disco sorprende por llamativo (si bien tampoco es que estemos ante un grupo muy avanzado ni innovador en su base musical), en directo necesita un plus, una puesta en escena. Y obviamente aprovecharían ese plus para redondear su propio espectáculo y al menos llegar a la hora de duración. ¿Conseguirían trasladar su música y llenar con su imagen el escenario de Caracol? ¿Está justificado todo el revuelo que se ha montado alrededor de este grupo? ¿Se quedará en una anécdota con fecha de caducidad por su propio corsé temático? Todavía quedaba un rato para contestar a todo esto cuando pasadas las ocho abrían las puertas de una sala que ya tenía mucha gente apostada en su entrada.

Los encargados de abrir la liturgia y de paso calentar un ambiente, ya de por sí cálido, fueron NOCTEM. Pese a ser una banda que está a punto de cumplir la mayoría de edad (si bien sólo su guitarrista y compositor principal Exo y el cantante Beleth se mantienen desde el principio) y que ya atesora a sus espaldas cuatro discos, parece que NOCTEM se tenga que jugar la vida en cada concierto para callar bocas. Ellos se mantienen al margen, pero el comentario con el que Beleth acabó el concierto lanzando una puya a los “haters” que echan mierda en los foros es fruto de que la paciencia tiene un límite. Anda que no habrá bandas menos interesantes que los valencianos y que sin embargo no generan tanta verborrea, que seguro que mucha de ella surge del desconocimiento, sin escuchar de ellos ni una nota. Primero los escuchas, y luego opinas si te gustan o no. Pero a ellos y a cualquier artista. Esa es mi opinión. Pero en este país ya sabemos cómo funcionan las cosas.

En mi caso particular, sigo a NOCTEM desde su segundo trabajo, Oblivion, el cual me hizo adquirir también su debut, tras lo cual me despreocupé un poco de ellos. Divinity me gusta mucho, aunque su producción nada tenga que ver con lo que luego harían, pero siempre me parecía que siendo un grupo muy notable componiendo, le faltaba un plus para sobresalir. El siguiente contacto fue su hasta la fecha último trabajo Haeresis, y me sorprendió gratamente por la enorme mejora sonora, pero también por la mayor expresividad en los temas, algo que me hizo retomarles, y veo que fue originado por el único trabajo que me queda por mencionar, Exilium. Dicho esto en estudio, en directo sólo he tenido un contacto con ellos en un Resurrection Fest y los astros no estaban de su lado ese día: pleno sol (con el consiguiente derretimiento del maquillaje), frialdad del público y un sonido que directamente fue inaudible. Por eso, verles en sala era para mí algo necesario, y qué mejor oportunidad que esta.

Era de esperar que el setlist se centraría en Haeresis, al que ya le tendrían que ir dando continuidad pues ya tiene dos años de vida (de momento sólo conocemos un tema nuevo, que además caería esta noche, “A cruce salus“, cuyas armonías y cambios de ritmo, continuistas con algunos cortes de Haeresis, hacen pensar que el nuevo material tratará de profundizar en esta línea). Pero también esperaba una ración equitativa del resto. Para mi decepción, nada cayó de Divinity. Supongo que la lejanía en tiempo y formas no lo hacen adecuado para un show actual de NOCTEM. Comenzaron puntuales a las nueve menos cuarto y por delante tuvieron tres cuartos de hora ante una sala Caracol que aún no estaba llena a reventar (alguno preferiría quedarse en el bar; seguro que alguno de los que luego habla con fundamento de la banda). Y lo hicieron, tras la intro de rigor, con el final de Haeresis, “Pactum with the indomitable darkness“, un tema extenso y con bastantes cambios que sin embargo fue víctima de una mezcla inicial bastante deficiente, en donde a Exo no se le oía (y siendo ahora el único guitarrista del grupo, es un hándicap) y Voor llenaba todo con su fuerte pegada en los parches.

Llevaron sus propias cruces invertidas, pero este atrezzo fue eclipsado por toda la parafernalia ya montada en escena de BATUSHKA, con lo que se limitarían a convencer con su música más allá de sus maquillajes, que aquí, sin el sol presente, les duraron más, aunque a Beleth, con todo lo que se mueve, no le dura ni dos telediarios. El bloque de recuerdo a otros trabajos empezaría con “Eidolon” del Exilium, cuyo solo de guitarra no se escuchó, aunque las partes limpias sin la exuberancia rítmica de Voor sí se oían bien. El peso visual lo tenía Beleth, aunque tanto Exo como Varu se intercambiaban sus posiciones para dar más dinamismo, estando también muy entregado a la causa Exo, con constante headbanging (de hecho al final este movimiento le costó perder un buen mechón de pelo enganchado en su guitarra).

En “Cycles of tyranny” y “Oblivion” ya por fin la mezcla se equilibró. Mantuvieron el volumen alto, pero al menos todos estaban en un nivel similar y, sobre todo, a Exo se le escuchaba bien. A partir de aquí, la verdad, disfruté el concierto, y aunque no hicieron referencia a Divinity, sí enlazaron un gran tema de Exilium, “Apsu dethroned“, y los que más me gustan de Haeresis, empezando por “The dark one“, donde Beleth nos dio las gracias y nos recordó que llevan la nada desdeñable cifra de tres conciertos (Barcelona, Valencia y Madrid) en veinticuatro horas, puesto que el día anterior hicieron doblete en dos lugares distintos. “The submission discipline“, con esos toques SEPTIC FLESH/ROTTING CHRIST que tanto me gustan, sonó también genial, al igual que los dos temas con los que cerraron, el “nuevo” “A cruce salus” y mi preferido de Haeresis, por esos cambios armónicos y de ritmo que antes mencioné, “Through the black temples of disaster“. Antes de la foto de grupo de rigor, Beleth agradeció enormemente lo acontecido, con un público la verdad bastante entregado por delante, y dejó bien clara su opinión contra los haters de bata y teclado…

Era el momento de la liturgia y despejar todas las dudas lanzadas al inicio de esta crónica. La sala Caracol ya se había puesto bastante incómoda con el aforo completo, algo que luego contribuyó a que se perdiera la comunicación conceptual con BATUSHKA dado el constante ir y venir de gente, los ruidos y conversaciones y algún que otro subnormal profundo al que se le tuvo que recordar físicamente que en la calle iba a estar muchísimo mejor. Pero no adelantemos acontecimientos. Con el telón cerrado y en media hora, terminaron de colocar toda la parafernalia escénica y a las diez de la noche en punto dio comienzo el flujo de letanías ortodoxas de la banda polaca, despejando desde este inicio una de las dudas que tenía: cómo alargarían su parte musical para redondear un show de al menos una hora.

La opción fue, para mi gusto, el primer error de la noche: ofrecieron una larguísima introducción pregrabada de cantos ortodoxos, en donde mostraron el escenario con luces rojizas, y tras más de cinco minutos fueron saliendo los miembros “de directo” del grupo (bajista, segundo guitarrista y los tres “monjes”), además del batería, Jacek Łazarow, que fue relegado a un lateral y estaba oculto entre biombos que trataban de evitar su intromisión sonora en forma de distorsión en el resto del grupo. El último de los monjes alargó aún más el asunto, encendiendo una a una todas la velas que llenaban el escenario y que se acabarían consumiendo al final de la liturgia, hasta que salió el padre compositivo de la criatura Krzysztof Drabikowski y, empezando a rascar de forma lenta y atmosférica su guitarra, terminó de salir el sacerdote que dirigiría la ceremonia, Bartłomiej Krysiuk, aún más enorme de lo que ya es en su túnica. Todos sin rostro, todos con el mismo atuendo, y tras diez minutos transcurridos empezó a sonar la primera letanía: “Очищение“.

Aquí se despejaría otra duda: el sonido y cómo lograrían trasladar a escena lo que consiguen con la música en el disco. Y la respuesta inicial fue de sorpresa agradable, hasta que empezaron los coros inexistentes y las voces poco apreciables. Con el paso de los minutos parece que se fue arreglando, pero las guitarras estaban demasiado altas en la mezcla. Esto me permitió apreciar o bien un rasgo de directo del grupo o una apreciación personal: la sensación de que en escena el grupo va un par de tonos por debajo del disco. Por otro lado, a pesar de llevar tocando lo mismo concierto tras concierto los últimos dos años, a Krzysztof Drabikowski se le veía algo torpe en las partes limpias y melódicas. Supongo que tocar con esas máscaras no debe ser fácil, pero ya se lo debería de haber aprendido de memoria y más siendo el compositor.

Siguiendo con la disertación litúrgica, el diseño del escenario hay que reconocer que era majestuoso. Habían conseguido convertir Caracol en una iglesia ortodoxa llena de dorados, tapices, velas, cruces… y la imagen usada en la portada de BATUSHKA, esa Theotokos con su rostro y el de su hijo difuminados y que ayuda a hacerse una idea de por dónde van los tiros conceptuales del grupo polaco, más allá de los que creen que es un grupo “religioso”. Imagen que además estuvo presidiendo todo el concierto sobre el púlpito en el que Bartłomiej Krysiuk nos soltaba sus letanías, inexpresivas al no vérsele el rostro (podría estar grabado y no nos dábamos cuenta), y sin más añadido que un movimiento muy mecánico de manos y algún que otro atrezzo teatral añadido (incienso, bautismo de agua o rendición ante la propia madre de dios al final de la liturgia).

La tercera letanía, “Премудрость“, es mi preferida, y aunque sufrió del bajo volumen de las voces, seguramente fuera el mejor momento del concierto, si no fuera porque el público empezó a dar palmas al principio, rompiendo gran parte de la magia inicial del corte donde sólo unos cascabeles y la guitarra desnuda de Krzysztof nos dan la bienvenida. Es aquí donde haré un pequeño paréntesis para un elemento que me parece al mismo tiempo causa y consecuencia de lo vivido: la actitud de la audiencia. Creo que BATUSHKA no logró la magia que se supone que su música y su concepto visual pretenden conseguir, porque gran parte de la audiencia de hoy en día en los conciertos no es capaz de salir de su hiperactividad diaria para entregarse a una causa creativa. Por otro lado, en mi humilde opinión, parte de esta situación fue retroalimentada por la propia banda polaca, que utiliza una escenografía muy calculada e inmovilista y genera que en cualquier momento se pierda la conexión. Lo cortés no quita lo valiente y hasta hubo que echar de la sala a algún subnormal que no paraba de hablar y hacer el primate, y es que cada vez creo más firmemente que muchos pagan dinero en festivales o conciertos para no ver a los grupos…

El concierto fue avanzando con precisión metronómica hasta que llegó la sexta letanía, “Упование“, y Bartłomiej nos mandó silencio para escuchar el canto a capella que le da inicio. Es la parte final del trabajo, en la que BATUSHKA se vuelve más ambiental y pesada, rozando el doom, y para mi sorpresa se convirtió en la parte más llamativa del concierto, musicalmente hablando. Recalco esto último porque aquí ya nos habíamos acostumbrado al altar ortodoxo, al juego de luces y a las cortinas de humo, con lo que la parte visual pasaba a un segundo plano. En esta misma línea la séptima letanía, “Истина“, y sobre todo la octava y última, “Спасение“, lograron cierto misticismo, con Bartłomiej rindiendo honores a la imagen de la virgen y bendiciéndonos a todos con agua sagrada, hasta que nos dimos cuenta de que el concierto llegaba a su fin al ver irse con la parsimonia inicial a los tres monjes de apoyo en los coros y quedarse sólo al final Krzysztof, mientras nos hacía una reverencia y también desaparecía entre bambalinas y con el sonido pomposo de un coro final en el que el público no se movió expectante por si el grupo volvería a salir a poner fin a la liturgia de alguna manera.

Pero no. Eso había sido todo. La celebración había llegado a su fin y era el momento de hacer balance después de una hora de espectáculo. Pienso que si te gusta BATUSHKA hay que verlo. Aunque sólo sea para saber cuál es tu opinión al respecto. Sin embargo, también creo que esta banda se va a quedar en una anécdota. Están muy limitados conceptual y visualmente, y si musicalmente podrían ir aún más allá, no me imagino ningún margen de variación en el resto. Conmigo no han logrado transmitir lo que en su momento obtuve en disco. Se han quedado un poco a medias e incluso por debajo de lo que esperaba. En cualquier caso, el que no arriesga no gana, y hay que reconocer que el grupo polaco ha conseguido con poco mucho y ha hecho un buen intento de recrear algo más que su propia calidad musical.

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