BARREN CANYON (CAN) – World of wounds, 2018

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Bajo el nombre de BARREN CANYON el dúo multiinstrumentista formado por Thanat y Malkan nos presenta su segundo trabajo World of wounds. En él se explora la idea de la futura e inevitable extinción de la raza humana, así como nuestra propia lucha contra la carga que supone esta certeza. Inspirados por los gélidos y desolados paisajes del Escudo Laurentino, trasladan con su música una sensación de abandono frente a un clima hostil, cuyo frío extremo se incrusta en los huesos sin lumbre que lo aplaque.

Este mensaje no es una instantánea vacía destinada a conseguir una ambientación adecuada en la búsqueda de una sensación de frío. Muy por el contrario, esconde un mensaje ecologista, poniendo de relieve algunos de los problemas del cambio climático que podrían acabar por convertir nuestro planeta en un lugar inhabitable para el ser humano.

Tras su debut Close to the circe, que data de 2014, vemos un avance sustancial en el que se deja notar el crecimiento de ambos miembros como compositores e instrumentistas. World of wounds es un álbum corto, de apenas 35 minutos divididos en dos mastodónticos temas en los que se concentran todas las características y virtudes que conforman un disco de black metal.

Congress of oak” comienza con un largo pasaje de sintetizador, al más puro estilo synth black metal. Arrastrando la música en lentos compases, se dibuja ante nosotros un escenario inhóspito y precámbrico de roca desnuda, encadenando una melodía de notas largas que recuerdan al poder atmosférico de BURZUM pulido por una producción más moderna y una intención más luminosa que recuerda a LUSTRE. Seis minutos después se quiebra la lóbrega quietud que nos había recibido para dar paso a un gigantesco iceberg de black metal, demostrando con un sonido rocoso y glacial que los yermos y blancos horizontes no son exclusivos del norte de Europa. Nada menos que once minutos de ártica desolación percutiendo sin pausa los oídos. Esta fórmula se repite en “Taiga blooms”, con una introducción sensiblemente más corta e introduciendo más claramente el sintetizador como acompañamiento. Las guitarras suenan cortantes como un filo helado y la percusión no disminuye su agresiva intensidad, enmarcando una voz que emana desesperación y furia a partes iguales.

Estos elementos combinados logran de algún modo imprimir a la música una suerte de épica muerta. Se percibe con desgarradora clarividencia que la abrupta geografía, los macizos erosionados en caprichosas formas y el manto blanco que cubre los imponentes paisajes, fueran sólo una bella máscara para la realidad hostil y extrema de una región que se resiste a ser conquistada. Su horizonte brillante e inhóspito parece recordarnos que si una certeza podemos tener respecto al futuro es que, pese a nuestras chimeneas y nuestros satélites, el invierno nos alcanzará algún día, y no habrá fuego que evite nuestra extinción.

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