BALMOG (ESP) – Vacvvm, 2018

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Constancia, tesón, esfuerzo, trabajo y talento. Bajo esas cinco premisas se esconde el triunvirato de Soutomaior (Pontevedra) BALMOG. Picando piedra y vertiendo sangre (literal) edición tras edición, han ido cosechando una merecida reputación y respeto en el más estricto espectro del underground. Y es más, me atrevería a aseverar que dichas son las razones del ascenso en el tortuoso camino de los gallegos, cuyos comienzos datan de allá en el lejano 2006 y 2007 con las sendas demos editadas en K7 de The discipline & poetry of pest y Pestilent rats for your moribund children.

Siguiéndoles la pista desde prácticamente su concepción, la progresión que han tenido todos estos años es digna de admirar. Su primer elepé, Testimony of the abominable (2012, BlackSeed productions), supuso toda una declaración de intenciones con un material sumamente asfixiante y oscuro. Svmma Fide (2015, BlackSeed productions) recogió perfectamente el testigo con una obra sin concesiones y mucho más directa. Álbumes con una personalidad más que gestándose.

Vacvvm, el disco que nos ocupa, se postula como una obra redonda. Recoge ciertos elementos de ambos trabajos y los eleva a cotas mucho más trascendentales a nivel compositivo, musical y espiritual. De hecho, esta tercera grabación supone un punto de inflexión en BALMOG, porque esta excelsa ofrenda viene además refrendada por la alianza entre BlackSeed productions (una vez más) para su edición en vinilo y War anthem records (formato CD), cuya exposición fuera de nuestras fronteras les hará ganar más adeptos y fieles si cabe para su causa. En definitiva, les harán crecer más.

Vuelven a apostar por el tándem que tan bien ha funcionado en anteriores ocasiones con Javi Felez y sus siempre fiables Moontower studios para la grabación y mezcla por un lado y Tore Stjerna de Necromorbus studio para el mastering por otro. ¿Para qué tocar innecesariamente lo que realmente funciona?

¿Lo mejor de Vacvvm? Pues diría que su complejidad auditiva (sin connotaciones peyorativas). Me explico: es el clásico elepé que te deja esa perenne sensación de tener que darle una nueva escucha para ir desgranando los entresijos, la magia, los detalles y las múltiples capas que esconde (voces, guitarras, arreglos, etc). Eso sin contar que BALMOG han adquirido con el paso del tiempo su propia personalidad, su propio sonido característico. BALMOG son BALMOG.

El comienzo, por ejemplo, es meteórico (e incluso original), con ese caos desencadenado en la apertura del álbum bajo el influjo de “Qui immolatus lam non moritur”. Es tal el uso de diferentes recursos, hablando en un contexto black metalero, que nos toparemos con la furia desatada y las siempre elegantes disonancias en el clarísimo single de “Eating the descendant” o el hipnótico comienzo de “Vigil of the blinds”. Otro acierto de los gallegos ha supuesto la inclusión de un corte experimental en clave noise, drone y ambient como es “Inde deus abest” con la colaboración de su buen y cercano amigo Rober (VARUNIAN, ex-MACHETAZO). ¿Violencia sonora? “Sed semper vivit occisus” será la respuesta. O incluso la rítmica, épica y de cierto halo opresivo (o doomster) de “Gignesthai” podría tornarse como tema clave.

Vuelvo a reiterarlo una vez más, un disco para diseccionarlo enésimas veces por su pasión, calidad y contenido. Otra banda que se sumerge en la primera fila del black metal más subterráneo y puede codearse de tú a tú con escenas tan prolíficas, contemporáneas y vivas como la francesa, griega o la emergente islandesa. Y no muchas bandas en nuestro país pueden situarse en dicho status. El futuro y el presente son de ellos.

Pragmatismo. Ortodoxia. Muerte. Vacío.

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