AVERSIO HUMANITATIS (ESP) – Behold the silent dwellers, 2020

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Me encuentro con un escrito difícil de abordar, más de lo que habría pensado en un principio. Y es que mi primer encuentro con este Behold the silent dwellers no fue demasiado satisfactorio. Un disco que suena muy bien, que ha sido alabado en muchísimos medios tanto españoles como extranjeros, pero que, como se suele argumentar, no me decía nada. Ante esto hay una única solución y dos desenlaces posibles: Escuchar la obra de los madrileños hasta el hartazgo y bien acabar igual de frío o acabar entendiendo su obra. Ya adelanto que si fuese lo primero no estaría aquí perdiendo el tiempo. Así que por eliminación me queda la segunda. 

Al contrario que la tendencia actual en el entretenimiento audiovisual, Behold the silent dwellers es un universo único, pequeño y cerrado, sin crossovers ni aires de grandeza. Rollos filosóficos aparte, ¿qué coño tocan? Que es la pregunta importante. Pues es esa pregunta la que sube el nivel de dificultad. Para definirlo lo mejor posible, la base es black metal; sin embargo, chapotean en el death metal constantemente y, para complicar las cosas aún más, hablamos de ese black/death que mete la atmósfera justa para dejarnos respirar, evitar un horror vacui de instrumentalización y crear, paradójicamente, un aire opresivo, como estar atrapados en la ciudad neblinosa de la portada. Una «opresión urbana» que ya precedieron otros como NETRA y AMESOEURS.

En la parte más black de su música he leído en otros lugares continuas referencias a BLUT AUS NORD o KRIEGSMASCHINE, por aquello de las disonancias y los ecos constantes que despide el material. Y aunque parte de razón hay, por aquello de ser las referencias modernas más cercanas, los madrileños no divagan tanto, ni tratan de ser demasiado cargantes. Es una obra que puede pasar como plana al comienzo pero que, una vez habituados, sus 36 minutos pasan muy deprisa, no hay relleno alguno y cada uno de los temas está al mismo nivel. Fluidez es el mejor término posible.

Aunque quizás lo mejor de todo sea la estructuración de los temas, cómo los descansos están plantados durante la obra. «The wanderer of abstract paths«, que es una simulación de lo que pasaría si GOJIRA tocasen black metal, por los ritmos tan peculiares que meten, dignos de la banda gala, termina con una nota mantenida a los tres minutos y cuarto… para volver a resucitar a los pocos segundos con el mejor riff del álbum e introducir unos coros que cambian completamente la percepción del tema. 

Esta división va a más en, precisamente, en el corte de apertura, «The weaver of tendons«. Tras un inicio durísimo, tras pasar un tercio se hace el silencio absoluto, comienza un medio tiempo bastante más calmado, pero no exento de negatividad, para dedicar la última parte de la canción a otro festival de velocidad, retomando lo iniciado en el primer segundo e incluyendo incluso breakdowns. Que abran el disco con uno de los cortes más cambiantes dice bastante de las intenciones del grupo madrileño.

Cierto es que podemos nombrar canciones como «The sculptor of thoughts» que son bastante más lineales en comparación, pues no todo es una montaña rusa de subidas y bajadas. Pero eso es lo más maravilloso de todo, la serie de diversos mundos que se encuentran contenidos aquí en menos de cuarenta minutos. Si se hubiesen pasado de listos con una hora de música, quizás estaríamos vomitando sangre. Porque desde luego no sería un opus tan ameno y contendría diversas lecciones de cómo alargar una canción de manera innecesaria. En su lugar alberga lecciones de cómo meter mucho material de calidad en tan poco espacio. 

Behold the silent dwellers es un trabajo en la medianía, con las medidas justas de black, death, atmósfera y cambios estructurales. No tiene momentos que resalten sobremanera y dejen, en comparación, a los otros en evidencia. Homogeneidad en el mejor de los sentidos posibles. 

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