AVATAR (SWE) – Hunter Gatherer, 2020

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Portada de Hunter Gatherer de Avatar

Tenía muchas ganas de escuchar lo nuevo de AVATAR. Se han ganado el honor de ser una de mis bandas favoritas mainstream de cabecera; no es para menos. Su disco anterior fue todo un éxito, se nota que están en un racha creativa descomunal y disco tras disco se han labrado un sonido que se reconoce al instante sin problemas. Como fan no puedo estar más contento con estos suecos, y no va a ser menos con este disco, ya que me han vuelto a sorprender una vez más. Esto es algo que se está convirtiendo en una sana costumbre que espero que dure muchos años. La fidelidad de los fans es importante y, con esto, creo que han conseguido mantenerla una vez más, aunque hay que admitir que en cierta manera es un disco algo arriesgado para una banda en su posición. Es por eso mismo que pueden permitírselo a estas alturas; mucho han demostrado y pueden seguir demostrando por lo que hemos lo visto hasta ahora.

No tenía ni idea de por dónde podrían ir los tiros con este nuevo disco, pero no me esperaba esto en absoluto. Afortunadamente no estamos hablando de un disco extraño y atípico por parte de ellos. Estamos hablando de un disco que es la contraparte del anterior. Un Avatar Country sacado de una distopía nihilista al que se accede por algún portal dimensional o de forma sensorial a lo Stranger Things.

Los elementos musicales que les han ayudado a consolidarse como banda siguen presentes, y su imagen, un factor importante que se compagina con su música a la perfección, no decepcionan. Sólo se retuercen para dar una visión distorsionada de sí mismos. Esta distorsión ha recuperado cierta crudeza de manera forzada y amateur que muchas bandas de death metal melódico tienen en sus inicios, perdiéndose con el tiempo, como por ejemplo en este caso. No es que hayan compuesto algo que se acerque a sus primeros discos, pero las formas de mostrar sus composiciones son las mismas en algunos aspectos, por lo que podríamos estar hablando del disco más extremo de AVATAR desde que construyó su sonido de forma oficial en Black Waltz, como se puede ver en «Silence in the age of apes» o «When all but force has failed«. Sorprenden de lo bastas que son, y en concreto la última mencionada, ya que que descuidan un poco sus capacidades para brutalizar sin ningún tipo de concesiones. Encima, están perfectamente situadas en el disco.

Como he dicho, la imagen en esta banda es esencial para entenderlos, y si bien su puesta en escena circense y teatral no ha desaparecido sí que se ha vuelto mas sombría y, por lo tanto, más desesperanzadora y menos protagonista, afectando al resultado. Si su disco anterior es una justa de caballería satírica a lo Don Quijote con una clara crítica a la monarquía, aquí es todo lo contrario. Un disco oscuro, reflexivo, filosófico, abrupto y anclado al metal más directo sobre el comportamiento humano. ¡Fuera épica y extravagancia digna de la nobleza! Para los que no se los pudieron tomar en serio como banda puede que este disco sea una buena bofetada y una razón para recular.

Sin necesidad de reinventarse o de juguetear con diferentes técnicas para mostrar versatilidad, han conseguido que todas las canciones sobresalgan y se queden grabadas a fuego. Siguen una fórmula más apegada al sonido que han construido, pero comienzan a difuminar los límites de su estilo. ¿Quieres recurrir a los AVATAR bufones? Ahí tienes «Child» o «Justice» (esta presenta buenos coros, algo que se está perdiendo o está adquiriendo tonalidades vergonzosas), experiencias amargas del artista ambulante relatadas por Johannes Eckerström en un tono frustrado pero envidiable por su ferocidad. Un retrato de las balas perdidas a las que la vida trató mal. ¿Que quieres una faceta más densa de ellos? Los medios tiempos densos y pesados con aura cinematográfica enfocada en la ciencia ficción de Christopher Nolan «Colossus» y «Wormhole» te darán todo un viaje interestelar y disonante por el vasto universo para que comprendas tu insignificante lugar en él.

Tal vez lo único que eche en falta es la incursión en otros géneros musicales para dar temas que rompan lo establecido, algo a los que nos tenían acostumbrados. Eso aquí se ha perdido en gran parte, dejándose ver poco y de manera demasiado espaciada para mi gusto. Por poner ejemplos rápidos: los aires western pensativos y esos riffs que hacen ciertos amagos al black metal en «A secret door» hacen que se convierta en un tema muy especial. Además, esta canción cuenta con una colaboración especial de Corey Taylor en forma de silbido adictivo. La única que rompe y no sale bien parada debido a esto es la balada acústica «Gun«. No es que sea mal tema (cumple bastante con mis expectativas), pero la noto igual de perdida que un bastardo en el día del padre. Estoy seguro de que, habiendo creado un nexo mejor con otro, el tema hubiera podido llegar más alto y hubiera mejorado la experiencia al escuchar el disco al completo.

Es necesario abrir los ojos a la realidad y AVATAR, tras considerarlo, ha decidido coger la inmundicia de su ciudad y del mundo para ayudarte a dicho fin. ¿Disco necesario y esencial en su carrera? No lo creo; el tiempo lo dirá. Lo que sí tengo claro tras escucharlo varias veces es que era un disco que ellos mismos necesitaban hacer y que viene bien a su carrera.

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