AUTHOR & PUNISHER (USA) – Beastland, 2018

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Si se pudiera hacer desaparecer todas las nociones previas sobre qué es y cómo suena la música industrial, ¿cómo se redefiniría? ¿Se aplicaría esta etiqueta al mismo concepto?.Esta idea siempre me ha evocado los oscuros y opresivos espacios de las fábricas post-revolución industrial, el humo, la gran maquinaria que produce sonidos chirriantes y violentos golpes férricos que siguen una cadencia incansablemente repetitiva.

Y el ser humano.

El ser humano como parte indisoluble de esa matriz automatizada, que se asemeja a un ente orgánico entre los engranajes, una masa pulsante habitando entre bielas, manivelas e indicadores de presión.

AUTHOR & PUNISHER es al alter ego del ingeniero mecánico y artista estadounidense Tristan Shone, quien ha tomado este concepto elevándolo a una categoría superior. No sólo codifica dicha imaginería traduciéndola a lenguaje musical, sino que la hace realidad mediante el uso de instrumentos que él mismo fabrica. Estas denominadas “drone machines” se integran en el propio cuerpo del compositor, en una suerte de simbiosis con una impresionante potencia visual. Micrófonos que simulan una tráquea artificial, máscaras y  sintetizadores que engullen sus extremidades en una visión de carne mezclada con hierro y circuitería expuesta. Todos estos factores ofrecen una visión entre lo retrofuturista y la distopía postapocalíptica como parte imprescindible del conjunto. No sólo por esa unión entre la música y la imagen, sino porque dichos instrumentos crean sonidos a medida, ayudando a construir una textura única e irrepetible. Beastland supone nada menos que su octavo disco en trece años de existencia, revelando una insaciable necesidad de dar vida a sus creaciones y dotar a cada una de ellas de una personalidad sonora única e irrepetible.

El propio autor define su música como una combinación de industrial doom y drone metal. Esto se traduce en un sonido oscuro y metálico, literalmente metálico, que transmite una sensación muy vivida de estar escuchando el estruendo de maquinaria pesada. Adicionalmente existe un evidente componente electrónico derivado de estas creaciones, que de alguna manera no produce un sonido digital, sino orgánico. Todas las pistas se desarrollan con cadencias doom, en pasajes rítmicos y repetitivos, como si la única función de estos instrumentos fuera la de percutir el cerebro constantemente. En ocasiones se echa en falta una mayor alternancia, pero en cambio el resultado gana en potencia e intensidad. La percusión toma diferentes formas, muy toscas y profundas, y está acompañada permanentemente por una distorsión que realiza una tarea similar a la guitarra rítmica, creando unos cimientos sobre los que se desarrollan las melodías principales. Podría tratarse de un bajo con un nivel abrumador de distorsión, pero en el complejo aparataje de AUTHOR & PUNISHER no hay espacio para obviedades.

El apartado vocal sí ofrece un buen grado de variedad, con voces guturales, limpias y también rasgadas, siempre camufladas entre la amalgama de ritmos y sonidos pero lo suficientemente definidos como para ser distinguibles. Sorprende en ocasiones la capacidad para lograr pasajes vocales, especialmente con la voz limpia, muy melódicos en contraste con el aparente caos instrumental, que aporta cierta frescura y destensa el tono claustrofóbico general. Esta es una de las claves, junto con una duración total no muy extensa, que impide una sensación de repetición y permite que la experiencia sea satisfactoria de principio a fin.

Beastland recuerda a veces a una versión retorcida y desquiciada de NIN, otras parece asomar un eco a ese cantar amargo y rasgado de Marilyn Manson e incluso ese tono industrial oscuro recuerda a PANZER AG, proyecto de Andy Laplegua previo a COMBICHRIST. Una asociación de factores caóticos, reunidos y dotados de orden orbitando alrededor de la mente de Shone, que exprime los límites de la música y te hace sentir en el interior las entrañas de un coloso mecánico.

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