ASHA – Emotional intelligence, 2014

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asha45Cada día estoy más convencido de que si Kike G. Caamaño fuera guiri otro gallo le cantaría aquí en España. Estoy seguro que todos comeríamos de su mano y caeríamos rendidos a sus pies. Hasta ahora la crítica especializada sí lo ha hecho, le ha reconocido todos sus méritos, pero no así el público en general que, en unos casos por desconocimiento, y en otros por no digerir lo suficientemente bien una música tan progresiva y tan fusion, hasta el momento le ha dado la espalda a nivel más mainstream. Ya se sabe, lo que triunfa a nivel general son los “triunfitos”, los participantes en programas televisivos como La Voz y, en el apartado heavy, formaciones como MAGO DE OZ que, en su día aportaron luz al panorama metal nacional, pero que ahora son calcomanías comerciales de lo hecho en el pasado.

Emotional intelligence es el nuevo trabajo de un artista que empezó creando sus propios Projects a finales de los 80’s y que, desde entonces hasta ahora, ha ido forjando una carrera lo suficientemente prolífica para perdernos en su extensa discografía. Hace dos años, coincidiendo con el 25 aniversario de ASHA, Kike editaba dos recopilatorios dobles con lo más granado de su trayectoria musical y, gracias a ello, muchos seguidores, entre los que me encuentro, pudimos disfrutar de joyas descatalogadas y pudimos hacernos una idea del pasado del artista gallego.

Antes de ello, un servidor tenía la suerte de seguir al multi-instrumentista y compositor afincado en Málaga desde Gallery of thoughts (2008), pudiendo así comprobar el crecimiento a nivel de inspiración de toda su etapa con el vocalista danés Jacob Poulsen: Euphoria Project (2010) y Pleasures of equality (2012). El primero era un álbum más corto pero a la vez más denso, menos digerible. El segundo persistía en esos terrenos poco comerciales y progresivos pero sondeaba composiciones más iluminadas y más fáciles de entender por el oído humano.

¿Qué ocurre con Emotional intelligence (2014)? Básicamente persevera en lo realizado en el disco anterior, Pleasures of equality, heredando de Euphoria Project esa complejidad en cortes como la joya de más de once minutos “From the ashes of the angel’s death”, oscura y deprimente en partes, las cuales contrastan con otras más luminosas, con tramos más pausados que resaltan otros más acelerados. Enrevesado. Una gema preciosa que puede costar de asimilar en una primera escucha pero que con el tiempo se redescubre como lo que es: la mejor composición para el oído ávido de complejidad.

Porque para el oído más perezoso hay otras canciones mucho más directas, desde “Brand new day” hasta “Till I die” (fantástica letra) pasando por “The last letter”, con esos silbidos instintivos en contraposición a los efectos sonoros de “Dogwalker” e “If memory serves”, con voces superpuestas la primera y con un tratamiento de audio de algunas partes vocales, la segunda, que me convence especialmente.

She did something new” y “A man without land” son los temas aparecidos en el single adelanto de hace unos meses, siendo el primero, en mi opinión, uno de los hits dentro de la carrera musical de ASHA. La parte central se enrevesa con los solos y estructuras progresivas, con recursos vocales, en voces secundarias, propios de las bandas sonoras de jazz rock de películas de los 70’s. El segundo, más agresivo y más metal, en él a partir del primer minuto se entrelazan partes épicas con otras más pausadas, todo ello con cambios de ritmo muy interesantes que dan la batuta a las seis cuerdas.

We will be there” contiene partes muy diferenciadas unidas entre sí de forma muy espontánea, diseñadas para empastar de manera tan natural. Ahí reside uno de los mayores logros de Kike. Además, podemos escuchar temas como “Cry in silence”, con un estribillo que sube la nota, y los interludios “Tales of the tales” (de guitarra acústica) y “Emotional intelligence” (más esquizofrénico).

ASHA es reconocible musicalmente desde el minuto uno de sus discos, y este trabajo no es una excepción. Ahí reside uno de los muchos y mayores aciertos de Kike, que ha dotado a su mucho más que proyecto, que dura ya casi tres décadas, de una personalidad e identidad tan propia que hace que uno se asuste al encarar la crítica de cualquiera de sus trabajos. Si, además, la producción está a la altura, que no es fácil (otro punto a favor de Kike, quien se ha encargado de ella) y estamos ante el trabajo más inspirado de la etapa con Jacob Poulsen, quien vuelve a realizar una labor excelente, el resultado es óptimo. Difícilmente superable. Es lo que tiene estar tan cerca de la perfección absoluta en cuanto a composición, ejecución y sonido. Bravo.

firmatopo

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