ANNIHILATOR (CAN) – Ballistic, sadistic, 2020

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Culto y gloria al riff es lo que podemos esperar de cada lanzamiento de la legendaria banda canadiense ANNIHILATOR. Una mente tan inquieta como la de Jeff Waters deviene en que cada poco tiempo fabrique un artefacto pirotécnico en forma de memorables mandoblazos sónicos. Este año el turno es para Ballistic, sadistic, nueva muestra de pericia a las seis cuerdas y también una reafirmación de que para este señor King of the Kill siempre será su álbum de cabecera. Y no es de extrañar, porque el atemporal disco que vio la luz en el ya lejano 1994 es una obra maestra a día de hoy todavía no superada.

Por aquel entonces, un jovial Waters venía de coronarse algunos años atrás con el estelar debut Alice in Hell, que a día de hoy sigue siendo el disco más popular de la banda. Pese al creciente ascenso de la misma, la personalidad de Jeff Waters se hacía complicada para sus compañeros de viaje musical, quienes iban y venían en un claro ejemplo de temporalidad y precariedad laboral. Para la grabación del cuarto disco el guitarrista decide apostar por él mismo ocupándose de guitarras, bajo y voces, contando solamente con la participación a la batería de un Randy Black que acabaría realizado un trabajo que solamente se puede calificar de académico. King of the Kill se convierte en la joya de la corona, en un disco adictivo de principio a fin con un sonido que a día de hoy no ha perdido un ápice de intensidad.

¿Por qué, entonces, King of the kill es un disco tan olvidado dentro del metal incluso por el sector thrasher? La respuesta puede radicar en el contexto histórico. Estábamos en 1994, el rock y el metal habían girado hacia otras latitudes y bandas referentes del estilo como METALLICA, MEGADETH o ANTHRAX ya se habían abrazado al mainstream. Y como les pasó a otros como DEATH ANGEL, Waters se agarró fuertemente al timón de un navío que surcaba por mares turbulentos, defendiendo una idea genuina pero ya por ese entonces un tanto anacrónica, para degustación de un público devoto pero anclado en el underground y no tanto para la gran masa de metaleros y metaleras que en esos tiempos apostaban ciegamente por bandas como PANTERA, FAITH NO MORE o los WHITE ZOMBIE, FEAR FACTORY y MACHINE HEAD que no tardarían en apuntalar el metal del nuevo milenio.

Hasta llegar a Ballistic, sadistic, Jeff Waters ha ido tirando del carro con mayor acierto en unas etapas y no tanto en otras. La mediocridad llevaría a la banda a asomarse al borde del precipicio. Acaso cansado de no dar con una banda estable (aunque la época en la que contó con David Padden en guitarras y micro gozó de muy buenos momentos), para el disco Suicide society del 2015 nuestro personaje decide volver a hacer lo que ya había hecho en King of the kill: quedarse él solo a cargo de todos los cachivaches, con la única compañía de un rompeparches, y la verdad es que la cosa ha ido mejorando progresivamente hasta el presente, editando el que personalmente me parece el trabajo de ANNIHILATOR más logrado desde el también lejano Carnival Diablos.

Ballistic, sadistic es el hermano gemelo de King of the kill, así de simple. Tiene una producción prácticamente idéntica, una distribución de los temas muy similar y transmite esa energía que cualquier viejo seguidor de esta banda espera. En esta ocasión sí podemos afirmar que Waters ha dado con la tecla, ha sacado a la luz su talento y ha mejorado en las voces después de tres discos asumiendo esta faceta. Es un disco repleto de riffs quiebravértebras, solos de guitarras de aroma más que clásico y una batería incesante, veloz y técnica, un trabajo fresco y bien equilibrado entre la ferocidad y la diversión características de un estilo como el thrash metal.

En cuanto a las letras, Waters sigue relatando las penurias de un mundo loco, haciendo hincapié en todas aquellas personas que son oprimidas centrándose especialmente en las mujeres que, como la de la portada, han de revelarse violentamente para liberarse de las cadenas que la sociedad opresora y patriarcal se empeña continuamente en poner; la ceguera de no ver la realidad, la actual, en la que la mujer no necesita más protección que su propia libertad como ser humano.

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