…AND OCEANS (FIN) – Cosmic world mother, 2020

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De entre la cantidad de preguntas que se viene haciendo la humanidad, una de las más recurrentes tiene que ver con el origen del universo. ¿Qué pasó antes de aquella trillonésima de segundo que precedió a la gran expansión de las primeras partículas atómicas? Científicos de ayer y de hoy se han encargado de ir desvelando muchos de los misterios que albergan la materia y la antimateria, de cómo toda aquella amalgama entrópica de gas y polvo acabó dando forma a constelaciones, estrellas, planetas y, finalmente, la vida. A día de hoy no hay fundamentos claros sobre qué o quién encendió la mecha del Big Bang, y hay quien asegura que se necesitaría una evolución del cerebro humano que duraría miles de años para solamente acercarse a entender a la madre de todos los misterios, allí dónde física y metafísica están condenadas a atenderse. Pero no estamos aquí para divagar y sí para dar opiniones, y la mía es que Dios existe e inventó el black metal.

 …AND OCEANS, en cuanto a la temática a tratar, no es una singularidad del género. No hacen más que seguir los pasos de bandas que vinieron a denominarse de la segunda oleada del black metal, tales como EMPEROR, BORKNAGAR o ARCTURUS. Por alguna extraña razón …AND OCEANS se quedaron un poco relegados a un segundo plano aun contando con una gran discografía en su haber. En la primera etapa se abrazaron al black sinfónico de tintes barrocos, algo demasiado blando para la época. Más tarde se pasaron a la moda de coquetear con sonidos industriales, una evolución bastante acorde a la de bandas de similar pelaje, y ahora, diecisiete años después y con un line up renovado, editan un nuevo disco cuando ya nadie se acordaba de ellos. Manteniendo la esencia natural de su estilo, a mi parecer han facturado el mejor trabajo y el más coherente de su carrera.

Cosmic world mother arranca con una explosión de materia oscura que se expande sin parar a lo largo de casi cincuenta minutos en los que se resumen conceptos metafísicos de diverso calado pero siempre enfocados en el misterio del origen de la vida. El disco apenas da un respiro de tranquilidad y cada uno de los temas parece más brutal que el anterior. Sin embargo, hay un algo que te mantiene siempre en vilo, eclipsado por tan magnánimo viaje estelar.

Hay varios factores que pueden tener que ver en este regreso espectacular de …AND OCEANS a la primera división del black metal y ninguno tiene que ver con la innovación. En ocasiones los mismos ingredientes solamente necesitan de un buen equilibrio y de cierta coherencia para que un disco que pasaría como uno más de su género se postule como de los mejores lanzamientos de este año, eclipsando incluso trabajos de bandas que se presuponen superiores. Resumiendo, que la banda ha dado en la tecla, empezando por los fichajes del teclista Antti Simonen y del vocalista Mathias Lillmans, más conocido por su rol en FINNTROLL, pasando por una reformulación de su estilo inicial, dejando de lado ese aspecto industrial que a mi parecer no les había dado demasiado crédito.

Si bien el teclado siempre ha sido uno de los principales atractivos en una banda como …AND OCEANS, en Cosmic world mother creo que se han superado. Imagino que esperáis un argumento válido para esto. Pues bien, en los tiempos actuales lo común es encontrarse con multitud de bandas que abusan del teclado y lo ponen en un primer plano tal que acaba avasallando al oyente en un ejercicio más de efectismo que de calidad instrumental. Todo lo contrario de lo que Antti Simonen nos ofrece en Cosmic world mother, donde el teclado es omnipresente pero en ningún momento intenta subirse por encima de unas guitarras atronadoras y una batería que viaja por el espacio lanzando blasts beats a mil por hora cual fotones recién salidos del horno primigenio. Hablamos pues de una mezcla perfecta de todos los instrumentos, lo que redunda en un sonido natural, extremo, divagante y hermosamente oscuro.

Olvídate de bandas sonoras que emanan olor a Nenuco. Cosmic world mother te lanza disparado cabalgando a lomos de un átomo de hidrógeno para acabar chocando violentamente contra otro en un tiempo tan reducido que un segundo resulta ser toda la eternidad.

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