ANAL HARD – CUERNOS DE CHIVO – 13 SEGUNDOS – Madrid – 02/02/2018

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La oferta cultural de la capital es variopinta y amplia. A veces tanto, y el público tan reducido, que unos eventos se coartan con otros sin querer. Si le añadimos la cercanía de otros conciertos, al final, como siempre, los damnificados son los conciertos pequeños. Esos de “siempre están, ya habrá tiempo de verlos”, pero que al final acaban por ser raros de ver en detrimento del “siempre lo mismo”. Todo esto pudo afectar a la visita de ANAL HARD a Madrid en plena presentación de su último Alta gama, acompañados de unos siempre efectivos CUERNOS DE CHIVO y unos desconocidos para mí 13 SEGUNDOS.

Pocas o casi ninguna de las 400 almas el día anterior en COMEBACK KID se volvieron a ver. La cercanía de NON SERVIUM ni a un kilómetro de distancia, e incluso los 36 CRAZYFISTS, pudieron restar también público. O METALLICA al día siguiente… Sea como fuere la sala Trash Can parecía que iba a quedarse en familia. Sin embargo, para mi sorpresa, aunque no llegaríamos al centenar de personas, un buen puñado de gente sí había y con ganas de pasarlo bien, pese a los problemas técnicos y de horario que pudo haber. Es aquí donde se demuestra el auténtico compromiso por algo.

El pato lo pagó 13 SEGUNDOS. Salieron con poco más de veinte personas delante. Cómo ellos decían, no hace falta ni micro (simpatía derrocharon un rato) y además con el equipo compartido de CUERNOS DE CHIVO, teniendo que hacer la prueba de sonido deprisa y corriendo a última hora cuando la sala ya tendría que estar abierta. Esto les hizo salir con retraso de algo menos de un cuarto de hora, pero con ganas de ofrecer todo lo que podían, incluso aunque su propuesta se alejara de los cánones de la noche.

Más punk que hardcore, pudiendo recordarme en ocasiones a grupos nacionales como ANTI IDOLS o NO NIPPLES (cuyo cantante Javi Nassau, por cierto, estaba entre el público), dieron buena cuenta de sus tres trabajos, con especial protagonismo para el último, aún no nato en formato físico, Invisibles. Con un escueto “buenas noches” comenzaron con “No me jodas” del Triscaidecafobia, y ya no pararon, siguiendo “Veneno puro” y seguidas de su primer álbum, Hiperactividad vegetativa, “Ronin” y “Sangre por sangre”, bastante memorable por sus coros.

El sonido, como suele pasar en esta sala, era algo bajo en detrimento de la voz de Javi Kostra, que me llamaba la atención por su camiseta con las siete estrellas de la Comunidad de Madrid en sentido inverso. Aún así se pudo disfrutar bastante bien de su música y de sus ganas por tocar, como dijeron ellos mismos. En “Nitrö”, Javi se bajó entre el público y ya no se volvió a subir a escena, siguiendo desde allí con “Invisibles”, donde aprovechó para felicitar el cumpleaños a su guitarrista, no dejando ya este disco con “Working class hardcore superstars”, “Cabrón” y “En el ojo del huracán”, tras la que se despidieron con un “karaoke”: una versión del “Ace of spades” de MOTÖRHEAD. Media horita muy bien aprovechada para abrir boca, aunque su propuesta difiriera de la mayor agresividad de la noche.

El cambio para CUERNOS DE CHIVO fue bastante ágil. Todo su backline ya estaba colocado. Sólo tenían que ajustar los últimos retoques y listos, lo que permitió recuperar parte del retraso y salir en plena intro poniéndose todos de espaldas salvo el propio Antonio Mero, que parecía un león enjaulado antes de empezar. Según la intro acababa, uno por uno los miembros del grupo subieron en alto sus cuernos y ya comenzó la fiesta con “El precio de mi raza”, uno de los mejores temas de La pandemia, como es habitual con reivindicación anti maltrato animal en sus letras. El sonido era bueno desde el principio, incluso en todos los juegos de voces de Mero que no se cansaba de hacer el gesto a lo Frank Mullen en los blast beats, marca de la casa. Otro hit, “La novia zombie”, fue la siguiente, menos groove y más agresiva, lo que animó a ciertos pogos, con Mero haciendo gestos como un zombie, demostrando que es un frontman con mucha experiencia y control de la escena, que me recuerda en ocasiones a Lugubrious de HAEMORRHAGE.

El segundo bloque de la noche comenzó con otro alegato anti caza, en este caso contra la maldita costumbre de los cazadores de ahorcar a sus galgos cuando ya no les sirven, como bien recordó el grupo. “Malditos ahorcados” fue descargada así seguida a “Cuernobsesión”, montándose en ambas un buen pogo para una sala Trash Can que ya presentaba una entrada bastante aceptable y que con lo estrecha que es da para pocas florituras de este tipo. El espectáculo seguía en este caso con la temática de drogas (“drógate si quieres pero no seas pesado”) de “Rayas” y el aire blacker de “Satán dentro”, convirtiéndonos en adoradores de Satán.

La crítica hacia el cinismo de la Iglesia y la religión cristiana (“si hay algún cristiano aquí… que se vaya”) vino con “Deformed”, llegando así al final con la habitual “Ultra-violencia” que, coreada por todos, hizo honor a su nombre convirtiendo la sala en un mareo de gente. CUERNOS DE CHIVO cumplieron así con nota dando una lección de actitud y tablas sobre el escenario. Además de que musicalmente funcionan muy bien en directo, la banda toledana es un seguro en cualquier cartel. Esta ocasión no iba a ser menos y encima derrochan amabilidad fuera también. Para qué decir más.

Era el turno de ANAL HARD que habían llegado poco antes de empezar CUERNOS DE CHIVO a la sala, como pudimos ver a su vocalista, Alberto, colocando como podía el merch antes de empezar. Tenían un hándicap técnico y era la enorme batería de Kappo con la que se suponía debía tocar como base Recio, encargado de las baquetas en ANAL HARD. La banda prefería acortar un poco su tiempo en escena con tal de que su batería estuviese cómodo y no se perdiese entre tanto elemento percusivo, así que cambiar todo esto alargó el montaje del escenario. Por cierto, tanto Recio como Kurt, bajista de la formación desde hace poco más de un año, demostraban su amor por THE BLACK DAHLIA MURDER a tenor de lo visto en sus camisetas.

Precisamente el otro problema técnico que tuvieron vino con Kurt, cuyo bajo no se podía escuchar cuando ya iban a empezar a tocar. Mientras los problemas se solucionaban, fue Franklin el que se dedicó a amenizar el ambiente recordando aquellos tiempos en que en las salas se fumaba y cuando ibas a un concierto luego no había quien te quitase el olor a tabaco en una semana… algo de lo que doy fe… Precisamente el guitarrista de ANAL HARD fue protagonista de una escena posteriormente que marcó su concierto y le hizo derrochar entrega a pesar de todo. Ya empezado el concierto y todavía no sé muy bien cómo, el guitarrista se cayó desde el escenario, golpeándose con su micrófono y nuestro cámara de Subterráneo, Alejandro, abriéndose la ceja y teniendo que pedir hielo para parar la escabechina que se había hecho. El tío no paró de tocar a pesar de que la ceja poco a poco se le iba poniendo como un huevo…

Todos estos problemas hicieron que ANAL HARD empezase pasadas las diez y media de la noche su actuación, en una sala que como Franklin dijo “chapa a las once, pero si conocéis a algún amigo que tenga un local o lo que sea, vamos a tocar sin problemas”. Tuvieron algo de margen, pero realmente tuvieron que comprimir su set original a unos 35 minutos, haciendo encaje de bolillos, desechando algunas de la que estaban y entregándose al máximo a la causa. Comenzaron, cómo no, con “Bienvenidos” en versión hardcore y desde el principio Alberto, un poco ausente hasta ese momento, entró en acción como si no hubiese un mañana. El sonido se fue acoplando poco a poco, hasta un volumen y mezcla notable y lo demás fue todo intensidad y energía por parte de la banda, y en la respuesta del público, que no paró de poguear y hacer circle pits todo lo que la pequeña Trash Can da de sí.

The pary in da playa” fue la siguiente, poniendo el toque de humor gamberro marca de la casa, seguida de “Chibirikoki” que ya puso aquello patas arriba, al igual que la fumeta “De todas maneras”. La presentación del nuevo trabajo empezó con “Barcelona 92”, fiel reflejo de lo que fue la ciudad en aquella época, y cuando atacaban la clásica “El lechero de Hellf Street” fue cuando Franklin tuvo su percance que a poco le cuesta un ojo. No fue impedimento para que, después de ponerse algo del hielo de su bebida en el ojo, continuase el show comprimido con “Lujo y confort”, “Defekación post mortem” y “Placer oculto”, sin que pudiese faltar, también del nuevo, el estilo reptiliano de “Reptilian maintenance”, con la que agradecieron sinceramente a Kike y Critteria el montar bolos como estos.

En un suspiro ANAL HARD se había cargado la mitad de su setlist original, si bien quitando algunos temas que tenían pensados, en favor de los más directos y crudos, lo que contribuyó al ambiente activo-festivo del público que no paraba ni un momento quieto y demuestra el tirón que tiene en el escenario la banda de Masnou. “Jornadas psicotrópicas” continuó la descarga para pasar a la pegadiza “Licking ass club”, favorita personal del último trabajo de los catalanes. El final de la noche tuvo especial protagonismo para Tercero Cuarta, además de con el tema que le da título, con “96 grados” y “Eléctrico”, dejándose para el broche “Sin identidad”.

El tiempo es relativo y ANAL HARD demostraron que se puede comprimir en esencia pero expandir en espíritu. Fueron sólo 35 minutos pero no se dejaron nada (alguno casi pudo dejarse un ojo) y lograron una respuesta similar por parte del público. Estos son los auténticos conciertos comunión banda-público y no aquellos a los que se va a poner pose, más allá de los que estén encima del escenario. Lástima no tener un garaje cerca, porque si no nos llevábamos a ANAL HARD allí y no tendrían ya restricción de tiempo para tocar.

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