AMERICAN AQUARIUM (USA) – «Small town hymns», 2011

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Nos encontramos ante uno de tantos grupos que por desgracia pasan inadvertidos al gran público y no porque carezcan de calidad ni porque practiquen un estilo excesivamente minoritario, al contrario; a todos los que gusten de escuchar al “Boss”, a WILCO, a DRIVE BY TRUCKERS, o a SHOOTER JENNINGS, por ejemplo, les encantará este disco, pero bueno, ellos seguramente ya conocerán la carrera y el estupendo trabajo de estos seis chicos, que desde la lejana Carolina del Norte, nos traen un puñado de estupendas composiciones de auténtico Rock americano. Llamémosle Americana, Alt-Country o Rock de raíces, la etiqueta es lo de menos, lo que importa es lo que contiene este “Small town hyms” y la calidad que rebosa.

Comenzamos el viaje con “Hurricane” y desde el primer momento dejan claras sus intenciones, con ecos muy definidos de WHISKEYTOWN y DRIVE BY TRUCKERS, bandas de las que el grupo se confiesa seguidor, las influencias son claras,  de eso no hay duda. “Nothing to lose” sigue su estela y nos abre el apetito de Rock and Roll de granero y baile, en una historia de huida personal a través de carreteras y amores perdidos.Después de un comienzo movido, llega el turno de la introvertida “Reidsville”, con tan solo una guitarra y la voz, como SPRINGSTEEN en “Nebraska”, en sus casi cinco minutos nos traslada a un lugar muy lejano donde las experiencias de una vida se ahogan en un amargo vaso de derrota en cada verso.

Coffee & Cigarettes” y “Meredith” siguen una línea similar de ritmo a medio tiempo, acercándose mucho a nombres como RYAN BINGHAM y CHUCK RAGAN, el primero quizá este muy presente en este disco, ya que poco después, su sombra vuelve a  aparecer en la calmada y melancólica “Water in hell”, haciendo así que el núcleo del disco sea muy tranquilo y sosegado.

El sonido más añejo viene de la mano de “Rattlesnake”, con una melodía de piano que nos devuelve al viejo Mississippi mientras nuestros pies se mueven al son de otra época. Le sigue la intimidad de  “Brother, oh brother” en la que la voz y la guitarra acaparan casi todo el protagonismo, es en estos momentos cuando la importancia de los arreglos resulta más evidente, de una manufactura impoluta, han sido delicadamente tratados y brillan especialmente por su justa medida a lo largo de los diez temas del álbum.

Es realmente significativo el trabajo de producción del disco, pulcro e impecable, así como la madurez que presenta esta joven banda en un disco que huye de los falsos estereotipos y apuesta por la inteligencia y el buen hacer en sus composiciones, otorgando al trabajo un carácter muy personal y auténtico, con mucha clase y un estilo tremendamente depurado.

Brillando al final del disco, la nostálgica pero luminosa “Gone long gone” nos prepara para la marcha y sin apenas darnos cuenta, “Hard to quit” y su agridulce  sabor a despedida, pone el punto final a un viaje intenso y cargado de emociones, demasiado corto quizá, pero eso quiere decir que hemos escuchado un buen trabajo. De eso no hay duda. 

 

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