ALIEN WEAPONRY (NZL) – Tū, 2018

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Durante los últimos años hemos asistido a un auge exponencial de gran parte de los géneros del metal. No solamente en cuanto al número de bandas que no paran de surgir; también se ha producido una expansión que ha forzado sus propios límites y ha llevado a la fusión con otras formas de expresión musical, influenciadas por un gran número de épocas históricas y culturas.

En esta ocasión nos encontramos ante la que será sin duda una de las más gratas sorpresas del año. Un insultantemente joven trío neozelandés que, bajo el nombre de ALIEN WEAPONRY, fusiona un metal que bebe de diferentes fuentes con las raíces de la cultura maorí. Prueba de su asombrosa precocidad es la temprana edad con la que los hermanos De Jong formaron la banda en 2010. Lewis, vocalista de ocho años, y Henry, guitarrista de diez años, incorporaron en 2013, como bajista, a Ethan Trembath, culminando la formación actual con la que ya han dado mucho de qué hablar en su país.

Esta fórmula no nace como una mera estrategia comercial, sino que es fruto de una honesta inquietud que llevó a sus miembros a sumergirse de lleno en la historia de sus enigmáticos antepasados. Al tiempo que fundaban la banda, acuñando su nombre tras ver la película Distrito 9, comenzaron el estudio de Te Reo, la lengua maorí, que ahora utilizan para componer una parte de sus letras en combinación con su inglés natal. El otro pilar principal descansa en la forma en que el idioma se integra en las composiciones, tomando la esencia de las hakas, danzas tribales acompañadas de cantos fieros que los guerreros utilizaban para intimidar a sus enemigos. Su carácter enérgico, fiero y descarado encaja a la perfección con las formas y maneras del metal, dando como resultado unas composiciones épicas y muy contundentes. Este concepto que funciona tan bien conlleva la evidente tentación de explotarlo hasta la extenuación, pero afortunadamente han sabido tomar la sabia decisión de no abusar de este componente tribal. Son varios los cortes que adquieren un estilo más convencional y, a pesar de no ser tan sorprendentes, evitan la sensación de repetición en el oyente.

La instrumentación se enraiza en las diferentes influencias de cada uno de los miembros de la banda, con un estilo general a caballo entre el thrash, el crossover y el heavy metal, y no será extraño captar los ecos de nombres ilustres como SOULFLY, ANTHRAX o METALLICA. Aun sin mostrar unas estructuras y composiciones complejas, los cambios de ritmo abruptos son abundantes, e imprimen un carácter muy versátil. En todas y cada una de las pistas se advierte una libertad creativa que, aunque sigue una línea coherente y reconocible, no está limitada a un solo registro, huyendo de las etiquetas de estilo.

(abreviatura de Tūmatauenga, dios maorí de la guerra) emana una energía pura y honesta, pero también algo prematura. Está sujeta a una sensación de futuro, la impresión de que aún existe mucho margen para crecer musicalmente, si bien algunos aspectos de este magnifico debut destilan una madurez digna de elogio.

Por un lado parece que su impronta es susceptible de desarrollar rasgos aún más personales, y con toda seguridad su evolución natural irá moldeando y afianzando la solidez de su estilo. Técnicamente aún no es un grupo de primer nivel, aunque muestran aptitudes y actitudes que con toda seguridad serán una guía hacia lo más alto. De igual manera la voz de Lewis tiene una técnica correcta, y su inevitable timbre adolescente no debería ser tomado como un defecto, sino como una muestra de su precoz talento.

Por otra parte las letras, y los mensajes que de ella se extraen, muestran una carga política, una inquietud cultural y un compromiso social que son un signo inequívoco de madurez. Algo que muchos nombres consagrados de la música nunca han demostrado tener. En su mayoría relatan fragmentos de historia relacionados con la resistencia del pueblo maorí a la colonización británica. En el caso de “Raupatu“, que significa “confiscado” y aborda la naturaleza de este término, que denominaba a las leyes del gobierno colonial que permitían confiscar indiscriminadamente las tierras de los nativos. “Rū ana te whenua” narra la histórica batalla de Pukehinahina, en la que el trastatarabuelo de Henry y Lewis luchó y murió. Este episodio está considerado como la mayor derrota militar de Gran Bretaña, y es que 230 maoríes atrincherados en una colina no sólo resistieron el bombardeo con artillería pesada, sino que vencieron a un contingente de 1700 soldados británicos, cambiando el curso de la historia de Nueva Zelanda. Un segundo grupo de canciones afrontan una temática más actual, mostrando también una conciencia social propia de nuestro tiempo. “PC Bro“, que señala los peligros de la sobreinformación digital, o “Holding my breath“, que trata sobre las enfermedades mentales en primera persona, son una buena muestra de que estamos ante una banda con inquietudes que van más allá de lo musical.

Para aproximarse a este disco y disfrutarlo como se merece, es necesario entender el contexto en el que ha sido compuesto. No cabe duda de que contiene aspectos mejorables, pero en conjunto es un trabajo que ofrece muchos momentos memorables que relegan a un segundo plano las salvedades técnicas. El desparpajo y la energía juvenil que desprende , la vitalidad y la honestidad que destila en cada momento, así como la sensación de estar ante una creación realmente auténtica, evidencian un talento y una determinación que hacen de ALIEN WEAPONRY un arma musical cargada de futuro.

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