ALESTORM (GBR) – Curse of the Crystal Coconut, 2020

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Muchos tendréis ganas de daros una buena fiesta después del panorama actual en el que nos hemos visto inmersos, estoy convencido. No obstante, parece que queda todavía un buen tiempo para que eso pase, y eso dando por hecho que todo seguirá su curso correctamente, cosa que dudo visto la poca o nula responsabilidad social que veo a mi alrededor cada vez salgo a la calle por trabajo. Sea como sea, la música festiva va a estar ahí, y si hay un grupo festivo de verdad, esos son los piratas escoceses ALESTORM. Su capitán Christopher Bowes, un tío carismático por su humor absurdo, se ha hecho cargo de que así sea haciendo que su barco naufrague por festivales y conciertos alrededor del globo, embriagándose de éxito y, cómo no, de indigestas dosis de alcohol y diversión desenfrenada.

Tenía mis dudas de si traerlos o no, ya que es de esas bandas que no varían su sonido, algo que como redactor supone un reto. ¿Razones? Quiero hacer las reseñas con las apreciaciones más personales posibles. Con este tipo de bandas ese margen se reduce bastante o desaparece, ya que todos destacamos lo mismo y, más o menos, hacemos unas reseñas “prácticamente idénticas” que bien podrían valer para todos sus discos. No obstante, el álbum es divertido y llevadero, razón por la que al final ha caído en Subterraneo Webzine.

La fórmula, por lo tanto, no se hace esperar, y hace acto de presencia desde el primer tema: estribillos y coros de taberna, folk más bailable que de costumbre (debido en parte al violín de la ex-HAGGARD Ally Storch), guturales que sirven para potenciar las canciones y dar un cierto toque épico (dependiendo del tema) para que el álbum no sea tan lineal. Si nos empeñamos en buscar diferencias de un álbum a otro podríamos tener en cuenta que han explotado más su absurdo sentido del humor, algo que podría haberles hecho más mal que bien cayendo en la parodia. Afortunadamente no ha sido el caso, al menos no demasiado.

Las dosis altas de frikismo no faltan, y no sólo por el mencionado humor que desprende, sino por la cantidad de referencias a Donkey Kong (personaje de una saga de videojuegos). Fijaos cómo será la cosa que han terminado versionando “Pirate Scorn”, canción de una serie animada de dicho personaje hecha por ordenador en los noventa, mejorándola por completo en el proceso. Hay que tenerlos muy grandes y ser un genio muy zumbado para semejante… ¿proeza?

Tal vez podríamos estar ante su álbum más normalito tirando a malo, algo que no le hace perder puntos, pero se nota la pérdida de fuerza y, por lo tanto, se adquiere un gancho que puede resultar demasiado vacío para venir de quien viene. Canciones como “Pirate Metal Drinking Crew” demuestran esto último, pero es efectiva aun así. En otras la repetición de esquemas puede cortar un poco el rollo, pero se las arreglan para salir a flote sin demasiada dificultad, ya que es lo que tiene saber moverse por las aguas donde has crecido y moldeado tu propio estilo. Tocar el fondo marino es por lo tanto imposible con las iniciales “Treasure Chest Party Quest” o “Fannybaws”, que a pesar de que puedan considerarse un refrito con todas las de la ley aportan lo suficiente para que los fans estemos conformes y queramos oírlas en los conciertos junto a sus clásicos.

Si hay algo que sirve también para darle algo de personalidad al disco son las diversas colaboraciones que se pueden ver a lo largo del álbum. La extraña “Tortuga” (se han llevado muchos palos por ella) o la cargante “Zombies ate my pirate ship”, debido a su repetitivo estribillo (defecto que se puede aplicar a más de una canción y no de este álbum necesariamente), son la prueba. La primera por ser la canción más arriesgada en la historia de la banda, ya que es una especie de rap en la que colabora Captain Yarrface de RUMAHOY, que bien podría haber nacido de una noche loca de sexo con LIMP BIZKIT. La segunda, por la incorporación de voces femeninas de Patty Gurdy, que viene como anillo al dedo debido a la temática pirata y da cierto aire fresco a la banda.

Hay ideas y formas que siguen teniendo suficiente fuerza para la mejora, esa es la impresión general. Creo firmemente que ALESTORM se están acomodando en un papel de bufones con aire de grandeza cuando podrían aspirar a más como músicos y como banda. Es una pena, ya que canciones como “Chomp Chomp” (una de las mas agresivas compuestas por la banda y con unos riffs muy competentes) o “Wooden leg Part 2 (The woodening)”, que define de forma magistral el sonido de la banda a lo largo de su carrera, me hacen ver su autentico potencial y lo poco que se arriesgan soltándolo a cuentagotas. No digo que tengan que reinventarse o cambiar de sonido, pero sí tantear la posibilidad de exponer su estilo desde otras perspectivas para revitalizarlo. La fórmula les puede seguir funcionando seis discos más o toda la vida, pero se exponen a un evidente desgaste si continúan así.

Dicho esto, no creo que sea mal disco en el sentido estricto de la palabra. Si has disfrutado de todo lo que te han ofrecido los piratas hasta ahora, este no creo que sea la excepción y te hará pasar un buen rato. Al final eso es lo que importa con esta banda, y más ahora en estos tiempos pandémicos.

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