AHNA (CAN) – Crimson dawn, 2020

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AHNA es una de esas bandas que nada más ver su curriculum discográfico uno entiende rápidamente que a los integrantes de esta banda de Vancouver les gusta hacer las cosas a la vieja usanza. Cuatro demos, dos EPs y nada menos que nueve splits en doce años de trayectoria. En lo referente a discos completos, su ópera prima cumple una década en septiembre y este Crimson dawn es su sucesor. Ambos, cómo no, lanzados en cassette. Y para redondear el pack old-school, sus miembros tocan o han tocado en diversas bandas de la zona.

Más allá del romanticismo underground, una simple escucha a su segundo álbum nos da una pista del por qué tanto split y fobia a un disco completo. Su mezcla de death, protoblack y crust es simple, directa y sin complicaciones. «¿Para qué hacer algo en media hora cuando lo puedes hacer en diez y además nos juntamos con unos colegas que nos encanta cómo tocan?», podrían pensar. Y la verdad es que ellos solitos se bastan para crear una obra de lo más competente. O lo que es lo mismo, los splits molan, pero sacarte casi cuarenta minutos de música pútrida, caduca y ponzoñosa, más. 

Sin querer menospreciar ninguna clase de trabajo anterior de los canadienses, lo bueno es que con tanto recorrido musical no innovan, pero porque saben exactamente qué sonido recrear y a quién dirigirse. Un producto muy bien pensado y calculado que se dirige a un nicho de audiencia. Como muestra, la producción, artificialmente sucia, recreando a los primerísimos SEPULTURA, HELLHAMMER o NIFELHEIM pero con la ventaja de estar en 2020 y sonar lo suficientemente bien como para detectar hasta el bajo en los temas. 

Durante todo Crimson dawn el grupo se balancea entre su lado más punkarra, como en «Sick waste«, con registros vocales rasgados y estructuras sencillas, y otro mucho más contundente. Tanto al coger velocidad (pero no desmesurada) en «Dead gods» como cuando deciden reducir la velocidad y darse un baño en el pantano con OBITUARY para cerrar la obra con «My brother’s blood«. 

Asombra la precisión con la que han captado diversas escenas de finales de los 80 y principios de los 90. No sólo aquel black previo a que unos niños noruegos con ganas de llamar la atención lo acaparasen todo, sino también ese death sueco que aún se despegaba de la incipiente escena crust del país, junto con lo más sucio del death americano. Y, por muy tópico que suene, lo han juntado todo tan bien que rememora todo aquello, pero paradójicamente es imposible saber exactamente por qué camino tiran. Deciden cogerlos todos y llenar el suelo de mierda. 

El único fallo que detecto es que parece que intentaban recrear la sensación de directo en el álbum y sin embargo casi todas las canciones acaban de manera abrupta, sin que haya un enlace entre estas. Sólo en el paso entre «Sick waste» y «Despot» hay una transición bien hecha. La primera va muriendo con el feedback mientras que poco a poco suena el riff principal de «Despot«, que estallará décimas de segundo después. Quizás el mejorar este pequeño detalle habría mejorado la sensación de ensayo old school que trataban de lograr. Aún así no es un detalle que arruine toda la obra, pero la deja un poco incompleta. 

AHNA no ganarán ningún premio con Crimson dawn, pero nadie les quita el haber hecho una obra exactamente como ellos buscaban y con una fidelidad casi perfecta. 

 

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