AHINCO (ARG) – Quem Deus vult perdere, prius dementat, 2021

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En septiembre de 2021 vió la luz el tercer disco de AHINCO, titulado Quem deus vult perdere, prius dementat (“a quien Dios quiere matar, primero lo enloquece” en latín). Tanto el título como el hilo conceptual que une a todos los temas de este álbum, son  tragedias griegas que fueron precedidas por retorcidas traiciones e inclusive, trampas divinas, todo condensado en brutal explosiones de death con polirritmias y escalas particulares, y distintos matices musicales, que enaltecen el disco y expone el gran nivel de virtuosismo del trío surgido en 2011 en Mar del Plata, Buenos Aires, que hoy está formado por Ariel Sanchez en batería, Lucho Alippi en bajo, voces, guitarra acústica, teclas y sintetizadores, y Hernán Chave en guitarra tanto eléctrica y acústica.

El significado de “ahinco”, por lo menos por estos lugares del hemisferio, se refiere el empeño, constancia u obstinación para realizar una tarea, y son una muy buena definición tanto de la banda como del disco, que comenzó a materializarse en la víspera del lanzamiento de su antecesor, denota una evolución natural en el camino de la banda, y que toma inspiración de los previos discos: La canción de los sepulcros (2020), inspirado en el concepto del eterno retorno y la filosofía del mediodía de Friedrich Nietzche, siendo tan experimental como se puede en términos musicales, y previo a él, El cadáver de nuestros sueños (2018), que en cambio supo apostar por un death metal menos intrincado y más visceral con letras más “centradas”, si se quiere.

“No hay pactos entre leones y hombres” fue el sencillo previo al lanzamiento completo, y también es la apertura del mismo, que se da con un poderoso blast beat, y empieza a destilar su historia con el ritmo de un death metal tradicional, hasta finalizar el segmento vocal, cuando empiezan a jugar con los cambios de tiempos en un segmento caóticamente hermoso. La letra se narra en la piel de un héroe troyano que, ya sea por el engaño de los dioses, su propia decisión o un funesto destino, enfrenta una muerte segura, prácticamente un suicidio. Lo cual nos plantea: ¿es Héctor un héroe trágico o un héroe absurdo? El tema finaliza con el lamento de dicho protagonista previo a su expiración “Sin redención del fuego sagrado / el sol y su luz me han abandonado”.

Es muy difícil no hacer hincapié en algunos temas en particular ya que el nivel exhibido a lo largo del compacto es muy parejo, y la banda decidió no derrochar virtuosismo, ni siquiera en los temas instrumentales, como lo es “Amanecer en el Cáucaso”, que es un juego entre dos guitarras acústicas, hasta el inicio de un sonido de lamento, producto de un arreglo de cuerdas de la mano de Zoe Larrondo (música invitada) y el mismísimo Lucho Alippi, y que no busca más que generar un ambiente de suspenso para proseguir con las canciones que atrapan con su particulares trazas, en cada caso.

Una de ellas es “Irremediablemente iguales”, que sorprende con la “involución” de la agresividad que exhibe inicialmente, y luego de cambiar a un ritmo casi folklórico en el segmento medio, a la vez que Lucho Alippi exclama: “Creo que uno debería volverse una persona, pero los vientos no dejan de soplar / Esto es algo que la lluvia no logrará lavar”, el tempo del tema empieza a bajar y bajar cada vez más. Hay un juego dicotómico del bajo y la viola que esgrimen melodías, y que finaliza en un punteo muy fiel al grandísimo Chuck Schuldiner, para luego bajar aún más el tempo, mientras Lucho cierra casi asqueado “No hay escape, pero no hace diferencia en mí”.

 

La paleta de estilos que influencian este death metal progresivo es por demás interesante, ya que continua con aires de jazz (sobre todo en el inicio) en “El ciego que desea ver en la penumbra”, que luego explota con aires más grooveros, con el poder del lamento de un ególatra que ve su mundo derrumbarse, o en “Sangre, roca y barro”, que tiene tonos más lúgubres, como ese punteo con el que inicia, pero que más adelante también sale a atacar con polirritmias frenéticas.

Pero no hay dudas que el cenit llega hacia el final, con “Luciérnagas en descomposición” , que es donde sacan todos sus artilugios, con una lúgubre y extensa intro que va cementando un ambiente etéreo y melancólico, que pronto se reflejaría en la letra, pero que, sin previo aviso, vuelve el death metal para exclamar estas líneas “Se supone que fuí creada y moldeada «a imagen de» / manufacturada para ser así. / Sin embargo donde sea que mire, sólo consigo verme a mí”

Nos encontramos también con el primer solo de viola como tal, hasta un corte abrupto donde nuevamente se hace un click para cambiar la tonalidad del tema, y vuelven esos riffs de DEATH que tanto me encantan, donde exclama con hastío, y nos deja con la disyuntiva que buscaba inmiscuir en nosotros: “¿No son acaso los astros, luciérnagas en descomposición?” a la vez que el tema se va desvaneciendo junto al disco.

Creo que uno de los mejores logros de este trío marplatense, es lograr una impronta propia, que genera esa sensación de “no parecerse a nada” pero que, al fin y al cabo, se ven influencias de múltiples artistas, en distintos pasajes, como puede ser FLESHGOD APOCALYPSE en sus partes más viscerales, o PERIPHERY cuando sacan sus artilugios y empiezan a jugar. Además, es importante resaltar la virtud de generar estructuras de un estilo para luego pasar a otro, sin perder la coherencia musical y lírica, y que sus extensas canciones no se sienten para nada aburridas. Si quieren explorar más material de esta banda, no duden en visitar sus redes sociales.

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