AFTER HOURS (UK) – Against the Grain, 2011

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afterhours01Prescindible. Con todo el dolor de mi alma, así he de empezar mi reseña sobre el disco reunión de estos ingleses, dieciocho años después de su separación. Más teniendo en cuenta sus discos anteriores, After Hours y Take Off, en los que el AOR ochentero resplandecía al observar el rostro de John Francis, Tim Payne y compañía en el espejo. Un cristal, éste, que ha deslumbrado (a la vez que guiado) a tantos y tantos seguidores aoreros de aquella época, y que sigue haciendo nuestras delicias, de forma atemporal, en el plato de nuestras cadenas de música.

Cierto es que grupos que, en su día apostaron de forma maravillosa y con un resultado fantástico, por la melodía, ahora, si bien siguen remontados a corceles similares, éstos no llegan a ser pura sangres como aquellos impresionantes 1987, In The Heart Of The Young, The Final Countdown o el mismo Take Off. Y es que WHITESNAKE, WINGER o EUROPE, por citar unos cuantos ejemplos, han ido sacando discos correctos en sus últimos años (buenos en algunos casos, diría yo), pero sin la magia de entonces. Han ensamblado la melodía a unos tiempos actuales que normalmente beben de otras aguas, con un sonido contemporáneo y actualizado.

No obstante, el caso de AFTER HOURS es, cuanto menos, decepcionante. Forevermore o Good to be Bad (si hablamos de David Coverdale y compañía), me parecen buenos discos. Sin magia, pero notables. IV o Karma (recordando a Kip Winger y los suyos) son mucho más que correctos, de hecho han sonado durante meses en mi equipo. Y Secret Society (disco polémico ya de por sí) y Last Look at Eden (si hablamos de Joey Tempest y sus huestes), me parecen una apuesta por la melodía bien canalizada con un aire actual. Perfectamente salvables. Mucho más que salvables en algunos casos, aunque ese aire coetáneo a algunos no nos seduzca.

Sin embargo, este Against the Grain es un disco sin personalidad, muy lineal, tedioso… que sí, que viene bien para ponerlo en el coche para conducir por carreteras inacabables y sin prisas, pero que se queda en eso, solamente en eso. Demasiado poco para los seguidores del grupo que hemos esperado cerca de veinte años para escuchar nuevo material.

No obstante, hay cortes que merecen bastante la pena como Angel, Let It Go y Turn on Your Radio, pero que se pierden de forma difusa, y confusa, entre tanta paja innecesaria durante los once cortes del redondo (uno de ellos, Eleventh Hour, repetido, y que cierra el disco reflejando perfectamente lo que es éste en su conjunto).

Por otro lado, la voz de John Francis ha cambiado (y es que veinte años, es cierto, es mucho tiempo), perdiendo mucha parte de su personalidad y asemejándose en sus líneas vocales a mi querido Kip Winger (estoy seguro que ha sido una de sus mayores influencias en los últimos años, e incluso ha escuchado sus trabajos en solitario, ya que hay muchos deja vu’s a la labor de éste en This Conversation Seems Like a Dream, Down Incognito, Songs from the Ocean Floor o From the Moon to the Sun. Sorprendente parecido en este sentido.

No obstante, no todo es malo y por ello creo necesario escribir sobre el disco. Aparte de tres o cuatro temas interesantes, puede resultar un cd correcto y aceptable, si piensas que quien lo factura no son aquellos músicos que se reflejaban en aquel espejo a finales de los 80’s con sus largas melenas cuidadas, sino otra banda de las muchas que apuestan por la melodía actualmente y que no tienen un pasado tan deslumbrante en el subterráneo musical inglés de hace más de dos décadas. Será cuestión de no mirar el nombre en la portada, de taparse los ojos y simplemente escuchar. De hecho, de esta forma a mí me funciona … y creo que así seguirá siendo cuando lo recupere de la estantería para esos largos viajes veraniegos, recorriendo kilómetros y kilómetros. No obstante, se merecen una oportunidad solo por sus discos anteriores y, como dice una canción de su añorado Take Off, «better late tan never», aunque no sea rindiendo culto al AOR 80’s. Quizás en el próximo…

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