AFSKY (DNK) – Sorg, 2018

Enlaces: Facebook BandCamp Otro enlace

Hay veces en las que pocas palabras escenifican perfectamente un pensamiento, una intención, un lema. Grupos que nada más verlos, sin escucharlos, ya te dicen su enfoque. AFSKY es un proyecto unipersonal de Ole Pedersen Luk, músico danés del underground blacker de aquellas tierras y miembro también de SOLBRUD. AFSKY significa en danés “aborrecimiento”, y Sorg, “dolor”. Con ello creo que todo queda dicho.

No obstante, aquellos títulos conducen al engaño, pues más que black metal depresivo en sentido estricto, son una mezcla de DARKTHRONE y la escena canadiense, como NEIGE ET NOIRCEUR o PAYSAGE D’HIVER. Con tempos lentos, fríos, alternados con otros más veloces pero con el toque malévolo que patentaron los noruegos. 

El enfoque es simple, directo y minimalista. No pretende demostrar nada, simplemente es el caballo de expresión de los demonios del danés.

Sin embargo, aquí los defectos y virtudes se encuentran tan entrelazados que es imposible separarlos. Pongamos como ejemplo “Stjernerne slukkes“, situada en medio del disco. La canción pasa por diversas fases: un inicio lento, otra llena de blastbeats, una vuelta a una sección más pausada y limpia, unos riffs malévolos por allá…. Debo reconocer que cada una de ellas es relamente disfrutable y están muy bien hechas, pero se prodiga demasiado en todas. Los temas no son breves, precisamente. Casi todas rondan los ocho minutos (esta en concreto 9:50). Quizás con menos tiempo en cada sección habría logrado un resultado más satisfactorio, que no llegue a cansar.

Algo parecido sucede en “Skaer“, un inicio muy a lo DARKTHRONE, realmente prometedor, con un desarrollo que peca de ser plano. Quiere sumar agresividad a más agresividad, y termina siendo algo reiterativo. Bien podía haber partido la canción en dos, para no desechar nada.

Pero a veces sí que sabe medir el minutaje, como la siguiente canción, “Vættekongen“, que no llega a los seis minutos, y es incluso más furibunda que su predecesora. Sin embargo su duración más comedida, el contraste entre la introducción tranquila con una zanfoña y la parte metalizada hacen de este un corte mucho más satisfactorio. No quiere decir que las canciones que duran demasiado sean malas, para nada; tienen riffs de calidad… pero se pierden en el exceso. 

Lo que nos lleva a otra de las virtudes del álbum, el uso moderado de momentos más folclóricos. Posiblemente lo mejor de este Sorg sea el dueto final de “Glemsomhedens elv” y “Oh måneløse nat“. El primero es una suave introducción acústica de guitarra, con cierto aire medieval que da paso al siguiente corte. El inicio con el nickleharpa (instrumento folklórico sueco, cortesía de la no-muy-idolatrada Amalie Bruun) encaja a la perfección. Pero lo que más impresiona es la voz de Ole. No grita, aúlla de agonía. Como si se hubiese dejado lo mejor para el final, sin desmerecer el resto de su actuación en los temas restantes. El cierre es largo, pero si sabes darle cierta variedad, no sobra nada. 

Fallos aparte, en el cómputo global los aspectos positivos sobresalen más que los negativos. No olvidemos que es el inicio de un proyecto, y todavía quedan cosas por pulir. A favor tiene una gran variedad de recursos: Secciones malévolas, otras más pacíficas, toques folk…

Inconscientemente he dividido el disco en una mitad más tradicional y en otra más depresiva pero abierta a otro tipo de sonidos. Además, toda la obra evoca cierto aire triste y decadente, que le da un punto de belleza propio del black suicida en su mejor estado (“Sorte vand” provoca que nos den ganas de morirnos de hipotermia en una montaña alejados del mundo).

Y es que este Sorg alberga destellos de calidad suficientes como hacernos pensar que un posible sucesor sería mucho mejor. 

 

Comparte:

COMENTARIOS