La superioridad moral de la edad

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Como la música es parte indiscutible de nuestras vidas (y muerte, que si pagas a la funeraria, tienes derecho a marcha fúnebre), en el presente artículo, nosotros. Pablo Balbontín y Lucía Camba, hemos intentado reflejar el impacto que tiene cada corriente musical, artistas, grupos… En las generaciones que los vivieron in situ, y las posteriores. Cómo la perspectiva puede cambiar en unos pocos años y décadas. Lo que hoy tiene valor, mañana, no tanto, al igual que lo que hoy es ignorado, en diez años es revalorizado. Por ello, y aunque la perspectiva de ambos sea parecida, creemos que el siguiente artículo puede reflejar las diferencias, aún mayores, que se dan entre personas de distintas décadas y que todos hemos vivido con nuestros padres, abuelos, sobrinos… En el día a día. Este es el resultado.

Hay música que está indudablemente ligada a una época concreta, y que fuera de este contexto no se entiende tan bien. Que no quita que sea igualmente disfrutable. Al igual que una película como El Exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973), no tendrá, ni de lejos, el mismo impacto para las nuevas generaciones que para las que la vivieron en su día en una sala de cine, con el arte sonoro pasa algo similar.

Cuando realmente no entendía por qué cierto film era considerado tan bueno, mi padre me decía, con la perspectiva que da el tiempo: “Tienes que entender que cuando salió no se había hecho nada así”. Nos empeñamos en juzgar los actos pasados con los ojos de la actualidad. Y eso es injusto y absurdo.

Pero esto no sólo sucede con el imberbe adolescente que no entiende el legado cultural que lo precede mucho antes de que su padre o su madre decidiesen tenerlo a él, o al menos se les rompiese el condón. También sucede a la inversa, con cierta superioridad moral que nos da la experiencia con aquellos que no tienen, aún, nuestras vivencias. Y aunque esto es aplicable prácticamente a cualquier campo de la vida moderna, nos centramos en la música.

Cuando hablaba de este campo con la colaboradora más joven de este webzine, Lucía, sobre qué bandas le gustaban a cada uno, vi que entre ellas había un buen número de bandas de metal/hardcore modernas. Muchas de ellas encuadradas en el término metalcore, para que nos entendamos rápido y pronto. Que si A DAY TO REMEMBER, SLEEPING WITH SIRENS, BRING ME THE HORIZON… Mi primera reacción fue: “Joder, qué gente, todo el puto día con bandas de metalcore que son todas iguales y dan vergüenza ajena”.

limpbizkit01Y he aquí cuando recordé que aquí nadie nació sabiendo. Quién habla en su día comenzó con LINKIN PARK, SLIPKOT, MARILYN MANSON, LIMP BIZKIT o EVANESCENCE. Y aunque uno evoluciona y va descubriendo nuevos sonidos, siempre hay un tiempo para recordar esos temas de la banda sonora de cada uno. ¿Qué son bandas no “trues”, comerciales y para gente que no tiene ni puta idea? A diferencia de mucha gente que veo por Internet, no tengo un gusto musical ultra elitista ni soy superculto sobre cualquier tema. Pobre de mí.

Seguramente en su día también tendría a alguien más mayor que yo pensando que lo que escucho es basura infecta. Como a su vez alguien pensó lo mismo de él años antes. Ahí establecí el paralelismo. Siguen y seguirán existiendo las bandas de acceso, aquellas con las que uno se inicia en la música, y cada persona las defenderá, porque son banda sonora de su vida. Porque por muy puristas que nos pongamos, la percepción personal de cada uno es la que al final cuenta. Da igual que sea mejor o peor dicha música, es con la que uno se ha criado. Yo escuchaba (y escucho) a LIMP BIZKIT. Alguien unos años más joven escucha (y escuchará) a EMMURE.

Es inútil, absurdo e hipócrita criticar a una banda por pertenecer a la siguiente generación de grupos de “acceso”, porque todos hemos estado ahí, en algún punto, de una manera u otra.

Del mismo modo, puede que alguien, seis o siete años menor que nosotros nos diga: “¿Pero cómo os podía gustar todas esas cosas del nu metal? Es ridículo” (y parte de razón tienen). Pues porque es nuestro Exorcista personal. Había que estar allí para entender el boom. Del mismo modo ¿qué hace un tío de treinta años que busca casa con su pareja escuchando punk de piscina como THE OFFSPRING? Tal vez si en el 94 hubiésemos tenido acceso a la música de manera consciente, igual lo comprenderíamos y empatizaríamos mejor.

Puedo entender, no obstante, que cueste un poco más acercarse a esos nuevos movimientos musicales desde una perspectiva con más experiencia. Aunque eso no implique un desprecio, como el que antes he señalado, tipo “no son más que bandas para críos”. Pero cualquiera que se acerque a lo nuevo, tal vez descubra algo interesante, aunque digamos que socialmente “no le pega”. Pero al fin y al cabo ¿no se trata esto de descubrir música nueva, sea como sea?

Sé que me he centrado tan sólo en unos pocos movimientos musicales y me dejo muchos más, pero podría aplicarse a otros géneros musicales (muchos miran con desprecio al breakbeat cuando en su día lo bailaron, por poner un ejemplo), sean los que sean que han marcado a cada uno. Y es que, aunque uno con los años se dé cuenta de lo que era mejor o peor de su época, haya olvidado a unos artistas y a otros continúe siguiéndolos, a uno siempre le resulta satisfactorio de volver a las raíces. Sin más.

Como decía mi compañero al principio, cada generación tiene sus valores culturales, lo que para unos es sagrado e indispensable, para otros no lo es tanto. No por falta de gusto, ni de respeto, sino por un tiempo y espacio distinto, nuestra perspectiva será indudablemente diferente.violadoresdelversogenios01

Para ubicarnos, nací el año del “Wannabe” (1996), de las glamurosas SPICE GIRLS. Por aquel entonces, en España, grupos como MAREA emprendían su andadura en el rock estatal, SARATOGA en el metal, AMARAL creaba su propio pop y los chicos de VIOLADORES DEL VERSO despuntaban en el rap marcando un antes y un después en la historia del género en el país, allá por 1999.

Para la juventud del Siglo XXI, la música tiene un carácter muy global y experimental. Escucho música desde que tengo memoria y jamás me vi limitada por la geografía, las discográficas o la radio. Con apenas 6 años, programas como Ares llegaron al mundo y, años después, a mi vida. Todo esto para abrirme a un universo musical mucho más amplio y casi inimaginable. Cualquier canción, de cualquier grupo, de forma gratuita e instantánea.

No recuerdo comprar revistas musicales ni leer críticas de discos en algún periódico. Todos los grupos que descubrí, todo lo que leí sobre música, fue gracias al Señor Google y al ya casi olvidado eMule.

Gracias a internet, accedemos cada día a mil géneros musicales. Músicos innovan y experimentan mientras adquieren numerosas influencias. Internet, musicalmente, es una extensión en la que, uno de los mayores logros de libertad y experimentación es haber emborronado las líneas entre géneros y no separar lo “mainstream” de lo “underground”.

Quiero decir que, las generaciones no sólo cambian para el oyente y el músico, sino también el propio negocio. Las discográficas ya no son el único filtro que dice lo que vale o no. Las visualizaciones tienen mucho más poder. Gente como Cameron Argon, Burial o Lindsey Stirling salieron a la luz en YouTube, sin tener una gran empresa que los respaldase.

Pero todo este proceso, ¿Lo vemos en la escena? Realmente no. Muchos se encasillan, pocos innovan y, los que lo hacen son criticados duramente por ello.

Personalmente, me resulta imposible pertenecer a una determinada “escena” ya que, hoy día, la “escena”, propiamente dicha, está eclipsada por internet. A nadie le importa la escena si, con un “click”, se puede acceder a todo tipo de música de cualquier parte del mundo. A nadie le importa la escena si, los discos se descargan gratis a través de un enlace.

Si bien Internet y la pereza son males endémicos de las nuevas generaciones, los veteranos del lugar también tienen parte de responsabilidad. Hay cierto desconocimiento y, en ocasiones, desprecio, en aquellos que ya tienen cierta edad por la escena actual.

Una vez más, Internet y la pereza hacen que la escena pierda prácticamente todo su valor.

 

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